Después de conocer a Carmen ilustrada, ha llegado la hora de ver todos los sitios a los que ha viajado.

El Universo Carmen aumenta con #CarmenViajera, pincha sobre ella y descubre de lo que se trata.

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#CarmenViajera

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Carmen, buscando mi suerte: X. La noche esotérica

Lee esta Noche Esotérica, uno de los capítulos que más gustó en su momento, escuchando la canción de Mika “Big Girl (You are beautiful)”. Porque hermosas somos las grandes, las menudas, todas las mujeres. Y en este capítulo encontrarás a todas nuestras chicas juntas en una noche muy especial. 😉

https://lasuertedecarmen.com/la-noche-esoterica/

Es Carmen!

Recordando los mejores capítulos…

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Carmen, buscando mi suerte: X. Un paseo por las nubes… y caída libre (2)

X.2

Nos montamos en el coche en silencio. Mi madre y mi abuela ya se habían encargado de decir todo lo que era necesario y más. Yo le envié un mensaje a Pepe, parecía que siempre ocurría algo para no continuar con nuestros planes, pero esto era una causa de fuerza mayor.

Manejar el coche de mis padres nunca fue fácil. Sin aire acondicionado, me sorprendía que mi abuela continuara con vida después de viajar en aquella cafetera. Ahora entendía por qué se había dejado ir en sus visitas al pueblo, ahora lo entendía.

Pero el sudor que caía por la frente de Gloria tenía más razones que el intenso calor no sofocaban las ventanillas bajadas. Mantenía su mirada al frente y su silencio comenzaba a preocuparme. Me gustaría decir que el profundo conocimiento de mi mejor amiga me hacía saber en lo que estaba pensando exactamente, pero no. No tenía ni idea de lo que pasaba en esos momentos por su cabeza.

No quería arriesgarme y pensar que, en realidad, lo que estaba era aliviada. No había querido nunca ser madre, pero le había pasado y ahora la naturaleza – aunque suene feo o raro decirlo – le libraba de una marrón que nunca había buscado. Pero que nunca lo hubiera buscado no quería decir que no lo hubiera querido ahora, quizás ese era el problema, quién me podía asegurar que Gloria no estuviera incluso ilusionada. Y su actitud era tan críptica que una insinuación en cualquier dirección podía ser contraproducente. Y esto no era un problema de pantalones que pudiéramos culminar con un comentario airado o malsonante.

– Gloria, no me has dicho nada.

– Es que no tengo nada que decir. – Saltó a la defensiva, hacía bien en tener prudencia.

– ¿Cómo estás?

– Jodida.

– ¿Me das alguna explicación más? Me tienes preocupada. – Su respuesta tardaba en llegar y cuando miré de reojo vi algo que jamás habría creído ver en la cara de Gloria: lágrimas.

A ver, yo he vivido multitud de situaciones con Gloria, puedo decir que lo he vivido todo con ella. La he visto llorar, claro, cómo no, pero los motivos han sido más mundanos, por decirlo de algún modo: cuando murió su abuela fue una tragedia. Estaban muy unidas dentro de la independencia que caracteriza a las mujeres de su familia. Lloró también cuando uno de los novios de su madre se fue de casa, según ella, era lo más parecido a un padre que había tenido. Y eso, con diez años, podía significa que le tenía preparada la cena por las noches y la llevaba al colegio por la mañana. Luego, en momentos muy duros, como cuando a su madre le diagnosticaron cáncer o a mí me pasó el evento de mi vida, se mantuvo impertérrita, dura, firme e incluso sarcástica. Podía deducirse de todo ello muchas cosas, pero yo no sabía ver dónde estaba esa línea en la que algo pasa a tener un aviso nivel rojo. Y ahora esto. Lloraba por la posibilidad de perder un hijo que nunca había querido y a mí me cogía totalmente descolocada.

– Gloria, ya sabes que yo no de este tema no soy una experta, aunque me gustaría, pero estoy harta de escuchar que eso puede ser de lo más normal.

– Ya, lo normal para muchas no tiene por qué ser lo normal para mí.

– Gloria, ¿quieres tanto ese niño de verdad? – Me negaba a creer que mi amiga hubiera cambiado tanto.

– ¿Qué te hace pensar lo contrario?

– No sé.

– Carmen, solo te voy a decir una cosa: sí, quiero ese niño y haré todo lo que esté en mi mano para tenerlo.

Con esa sentencia cerró la conversación cerrando los ojos y echándose hacia atrás en el asiento. Dios, cómo quería sentirme como ella, con esas ganas terribles de ser madre existiendo ya algo por lo que ilusionarme. Dios, cómo de vacía me encontraba por momentos. Dios, cómo de egoísta me sentía por desviar mis pensamientos hacia mis propios problemas y no concentrar mis energías en Gloria.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Comienza la segunda temporada

II. Eleonora

III. Mi vida sin mí

IV. Aventuras animadas de ayer y hoy presentan… ¡Sorpresa!

V. Vuelta a empezar

VI. Gloria, la visita más inesperada

VII. Verano azul

VIII. Hola, Pepe, soy Carmen

IX. Esto es Hollywood

X. Un paseo por las nubes… y caída libre (1)

Es Carmen!

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1349722Más microcuentos pinchando aquí.

#Microcuento

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Conoce a Carmen…

Rachel’s Puzzle Things. Sketchbook ha ilustrado a una Carmen llena de personalidad. Es una Carmen contundente y con un corazón que es el centro de su pecho y de su vida. Te presento a Carmen, nuestra Carmen, pero la tuya la puedes imaginar como quieras.

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 Dos láminas y un marcapáginas es lo que Raquel creó para Carmen!

De momento, os dejo una pequeña muestra y, próximamente, unos enlaces para que os podáis descargar tanto las láminas como el marcapáginas.

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Como veis, el Universo Carmen! no hace más que crecer.

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Carmen, buscando mi suerte: X. Un paseo por las nubes… y caída libre (1)

Lee este post de Carmen! escuchando musiquita, esta le viene que ni pintada para acompañar a sus reflexiones 🙂

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Volver a casa con sensación de victoria, a pesar de lo tragos algo amargos que habían surgido al final; una promesa, la de una relación que comienza, que me llenaba de ilusiones en el desierto de desasosiego en el que se había convertido mi vida en el último año; un hombre, Pepe, que me llenaba en todos los sentidos, me colmaba de una confianza que me hacía olvidar tantas y tantas cosas.

Y todo eso en apenas más de un mes. Nunca el tiempo fue tan relativo en la vida, nunca su paso había significado en tan poco.

Si Pepe hubiera llegado antes, ¿hubiera estado preparada para él? ¿Tenían que pasar todos esos meses, con todas sus semanas, días y horas, para hacer el caldo de cultivo necesario que me obligara a salir de mi cascarón con semejante tsunami sentimental? Según Eleonora, no. Según ella, las cosas pasan porque tienen que pasar en el momento concreto en que pasan. Yo no estaba para reflexiones filosóficas de ese calibre, solo sabía que ahora sí estaba preparada para Pepe, igual que la primera semana en el pueblo, cuando lo conocí, me encontraba llena de dudas y dolor mal curado y mi mente se cerraba en banda a una nueva relación por miedo. ¿Por miedo a qué? Por miedo a vivir aún sabiendo que lo volvería a hacer tarde o temprano. El problema era detectar el momento justo para hacerlo y no dejar pasar la oportunidad de hacerlo bien. Yo creía que estaba cogiendo el tren correcto. Porque Pepe había aliviado esa herida que se empeñaba en no cerrarse bien con un ungüento maravilloso: una arrolladora personalidad traducida en una naturalidad sin límites y una forma de ver las cosas cristalinas, sin dobleces, sin tintes melodramáticos ni numeritos escandalosos.

Mi momento de reflexión se traducía en un paseo bajo un sol de justicia sobre los adoquines de aquel pueblo en el que había vuelto a la vida, a pesar de que hubiera sido el último sitio en el que yo hubiera creído que me sanaría de un modo tan brutal. Andaba por esas piedras rechonchas e incómodas con la soltura que solo da la seguridad y la confianza en una mismo y que hacía tanto tiempo que no gastaba. ¿Quería a Pepe? Probablemente estaba en el camino. De momento, me sentía deslumbrada, agasajada… enamorada. Tenía ganas de vivir y con eso era suficiente.

Llegué a casa en esa nube de obnubilación, pero desde la entrada ya noté que las cosas no marchaban bien. La abuela no había sacado los caramelos, la televisión no rugía con las voces de alguna de esas películas  de drama que tanto gustan programar en las sobremesas de fin de semana. Mi llave en la cerradura sonó en el silencio lleno de claridad que siempre preludia algo no muy bueno y me encontré a todos sentado en el salón, excepto a mi madre.

– ¡Ya ha llegado Carmen! – Mi abuela se levantó  de un salto y fue a buscarla a mi habitación. Y Gloria me miró de forma extraña. Mi padre parecía más bien el tripulante de una nave espacial hasta la que había llegado sin saber cómo ni por qué.

– ¿Qué pasa?

– Ay, hija. – Mi madre salía con una maleta, la de Gloria, de la habitación y venía hacia mí como si acabara de correr una maratón.

– ¿Qué? – Estaba perdiendo ya los nervios.

– Gloria ha empezado a manchar, la llevamos a casa.

Me giré lentamente y tan rápido como enfoqué mis ojos en ella, le dije:

– No, Gloria, a casa te llevo yo.

 

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Comienza la segunda temporada

II. Eleonora

III. Mi vida sin mí

IV. Aventuras animadas de ayer y hoy presentan… ¡Sorpresa!

V. Vuelta a empezar

VI. Gloria, la visita más inesperada

VII. Verano azul

VIII. Hola, Pepe, soy Carmen

IX. Esto es Hollywood

Es Carmen!

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