Carmen, buscando mi suerte: IX. Esto es Hollywood (1)

IX.1

“¿Y cómo que te fijaste en alguien tan enclenque como tu ex si a ti te gustaban más las curvas?”.

Estábamos desnudos en su cama y habíamos logrado despegarnos y sobrevivir separados el uno del otro durante unos segundos. Era colosal cómo seguía sorprendiéndome cada noche que pasaba con Pepe, aunque no es que hubieran sido muchas hasta ese momento. Pero es que muy a mi pesar, Pepe despertaba en mí una serie de sentimientos que, a mis casi 40 años, nunca había sentido y eso me hacía pensar muchas cosas como por ejemplo: “¿a qué había estado yo jugando hasta entonces?”. Podía presumir de haber llevado una vida sexual activa, variada, sin muchos remilgos y siendo disfrutona, ¿lo de Pepe era solo subjetivo? No lo sabía, no lo sé. Me senté con la espalda apoyada en la almohada, desde ahí tenía unas vistas más que privilegiadas: Pepe descansaba boca abajo y tenía un culo digno de salir en las películas.

– ¿No me contestas?

– No sé qué decirte, me enamoré. – La verdad,  y reconozco que la culpa fue toda mía, no me gustó nada escuchar que había estado enamorado de otra mujer. – Pero ahora… ahora estoy enamorado de ti. – Eso me gustó y me acojonó a partes iguales.

Yo ya tenía asumido que me había enamorado de Pepe: su claridad, su sinceridad, su sonrisa, sus ojos, su cama… podría seguir hasta el infinito, me había obnubilado la mente y el cuerpo.

Yo, que había ido a esa casa con un objetivo más que claro, ahora lo miraba fijamente:

– Pepe, ¿cómo lo vamos a hacer?

– ¿Nunca has mantenido una relación a distancia? – Se volvió y empezó a cosquillearme la pierna. Y a mí se me erizaban los vellos del cuello.

– Pepe, así no podemos mantener una conversación seria. – Le paré las manos.

– ¿Y quién dice que tiene que ser una conversación seria? – Y vuelta a las cosquillas.

– Pues tú, tú que me has dicho que…

– Sí y te lo vuelvo a decir, ¿pero tiene que ser serio?

– No sé, supongo.

– Ese es el problema del mundo, que se suponen tantas cosas. – Y subía por mis muslos dando besos y mordiscos.

– Creo que ahora no vamos a hablar, ¿verdad? – Lo cogí por el pelo y le levanté la cabeza.

– Mmmm, creo que no es el momento, ¿no? Aunque si quieres, paro y vamos al salón.

– No, creo que no es el momento. – ¿Para qué desaprovechar el tiempo en conversaciones que se podían dejar para después perfectamente?

Una noche repleta de amor, pasión y ejercicio se merecía un desayuno de campeones. Yo había vuelto a la vida de forma apoteósica, más de un año de abstinencia sexual nunca había sido premiado de un modo tan extraordinario. Pero bromas aparte, el fin de semana idílico continuó cuando, de repente, a eso de las nueve de la mañana, con el sol entrando a raudales por la ventana abierta, no fue la claridad lo que me abrió los ojos, sino un aroma intenso a café que venía de la cocina. Me volví embargada por esa sensación de calor y frío simultáneo tan propio de las casas de pueblo en pleno verano, tapada hasta el cuello con una sabana de un estampado floral que ahora podría pasar por vintage, pero que ciertamente era muy poco favorecedor. Eso también formaba parte de las características intrínsecas de una casa de pueblo.

Y es que era muy poco favorecedor en mi cuerpo, para nada quedaba lo chic que sí lo hacían las sábanas de raso en las que se envolvían las actrices en las películas. Pero era lo que había, y como lo único que tenía a mano era eso, pues me lié como una momia y me levanté atraída por ese intenso olor a desayuno recién hecho.

– Siento haber cogido tus tostadas, no te levantabas y pensé que sería una pena que se quedaran tiesas en el plato. – Aquí haré tres incisos:

* No era Pepe el que hablaba, era Cecilia, su hija, la adolescente sin escrúpulos que me tenía ojeriza desde el minuto uno.

* El plato de las tostadas, eso sí que era vintage. Todo en aquella casa era estampados florales que parecían ocultar los verdaderos malos pensamientos de algunos de sus habitantes.

* Ni rastro de Pepe. Lo busqué sin resultados con la mirada mientras intentaba ocultar el estupor, la sorpresa, el enfado y las ganas de estrangular a la que, por edad, podría ser mi hija perfectamente.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Comienza la segunda temporada

II. Eleonora

III. Mi vida sin mí

IV. Aventuras animadas de ayer y hoy presentan… ¡Sorpresa!

V. Vuelta a empezar

VI. Gloria, la visita más inesperada

VII. Verano azul

VIII. Hola, Pepe, soy Carmen

Es Carmen!

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6 thoughts on “Carmen, buscando mi suerte: IX. Esto es Hollywood (1)

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