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Carmen! y 2015, su suerte continúa

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Carmen, buscando mi suerte: XI. Cuidadito, cuidadito

Las reflexiones no son mi fuerte. Cuando Ramón murió, sí, ya podía decirlo así de real, así de cruel; cuando Ramón murió, no me metí en pensamientos tipo “qué va a ser de mi vida ahora”, simplemente sobreviví día a día hasta que el dolor se hizo más llevadero y comencé por interesarme de nuevo, poco a poco, por los pequeños detalles que la vida me iba ofreciendo. No fue fácil, no fue premeditado, pero ese momento llegó a pesar de que yo no estaba dispuesta a permitir que lo hiciera. El culmen de la recuperación ya lo conocemos todos: conocí a Pepe, me hizo descubrir que no solo tenía que interesarme por los detalles pequeños, sino que a veces podía brindarme regalos enormes envueltos en papel de colores y con un gran lazo rojo alrededor. Tan grande y llamativo que si no lo veía es porque de verdad no lo merecía. Yo había sabido verlo, no inmediatamente, pero lo suficientemente a tiempo como para encontrarme en la casilla de salida de nuevo preparada para comenzar una nueva jugada.

Se puede decir que con todo lo que me había pasado y todo lo que le estaba pasando, por ejemplo, a Gloria, me cogía con más fuerzas al tren, no había un minuto que perder. Y qué decir de Gloria, ¿quería a ese niño? Sí, sin ninguna duda. ¿Quería a Roberto? ¡Quién sabe! Ella era como una cajita sorpresa y yo ya había  dado por perdido todo mi conocimiento sobre ella. Había desistido de entenderla.

– Ya estamos aquí. – Gloria se plantó delante de mí, que aguardaba con las piernas estiradas y los brazos cruzados en mitad de la sala de espera, rodeada de mujeres embarazadas y familiares a los que traté de evitar con la mirada para que mis pensamientos no fueran por caminos oscuros y nada aconsejables.

– ¡Coño, qué susto! Perdón, perdón, no os esperaba tan pronto.

– Pues han sido veinte minutos lo que hemos estado dentro. – Sí que había reflexionado yo al final, sí.

– ¿Qué te han dicho? – Me había levantado, por si esa información puede ser relevante.

– Está todo bien.

– ¿Sí? – Y mi alegría era real, no celosa ni nada por el estilo.

– Ajá, es un sangrado de implantación, pero necesito reposo.

– ¿Entonces todo bien?

– Sí, Carmen, todo bien.

– No sabes cuánto me alegro.

– Lo sé, amiga, lo sé.

– Venga, que te llevo a casa. – De esas veces que no ves lo evidente.

– Me va a llevar él. – Y volviéndose a Roberto. – Pero me llevas y ya está, que no necesito que me cuiden. Además, estoy de vacaciones, ni voy a ir a trabajar ni nada. Y llamaré a mi madre y…

– Sí, sí, Gloria, lo que tú digas. Carmen, me alegro de verte. – Y me dio dos besos con una cara que no podía evitar reflejar la alegría contenida. Pobrecito Roberto.

– Tú vuelve al pueblo, Pepe te está esperando.

– ¿Quién es Pepe?

– Luego te lo explico.

– Sí, lo voy a llamar para vernos esta noche.

– Eso, sexo, eso.

– ¡Oh, Gloria, por Dios! Cómo se nota que estás mejor. ¡No todo puede ser sexo!

– Todo en esta vida es sexo, amiga, todo.

– Me voy.

– Espera.

– ¿Qué?

Y me abrazó fuerte. Un abrazo de esos que no esperas, al que no estás acostumbrada, un abrazo de esos de los que se dan poco y que saben a mucho.

 

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Comienza la segunda temporada

II. Eleonora

III. Mi vida sin mí

IV. Aventuras animadas de ayer y hoy presentan… ¡Sorpresa!

V. Vuelta a empezar

VI. Gloria, la visita más inesperada

VII. Verano azul

VIII. Hola, Pepe, soy Carmen

IX. Esto es Hollywood

X. Un paseo por las nubes… y caída libre

Es Carmen!

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Carmen está terminando de buscar su suerte

Primeros pasos del final de la segunda temporada de Carmen!

A “Carmen, buscando mi suerte” le quedan pocos capítulos, no sé exactamente cuántos, pero puedo decir que es inminente. No sabía si anunciarlo, pero ¿por qué no? Además, he escuchado esta canción y es perfecta, ¡perfecta! Perfecta para acompañar a Carmen en su final de temporada. ¿Os da pistas? Bueno, no os adelanto nada.

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Carmen is in progress…

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Las fiestas, el trabajo, el chico, escribir Carmen! se está convirtiendo en una odisea. Encontrar un momento para seguir con sus historias es casi misión imposible. Debo confesar que voy al día durante demasiadas semanas seguidas. ¿Qué quiere decir esto? Que el post correspondiente de cada miércoles, ¡lo estoy escribiendo el día anterior! Una locura para mí, que me gusta tener las cosas preparadas con tiempo.

De momento, os dejo con mi contexto de hoy: día de descanso, mesa camilla, ordenador, cuaderno y Carmen!

Carmen is in progress! 😉

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Carmen, buscando mi suerte: X. Un paseo por las nubes… y caída libre (4)

Desayuno con Carmen

X.4

Fue extraño. Más que extraño, raro. A Roberto no lo veía desde hacía años. Escuchar de él lo había hecho en muchas ocasiones, tantas como Gloria había caído en su cama desde que él se separara de su exmujer, pero verlo, nunca. Era de esas partes de la vida de Gloria que conoces de oídas, solo de oídas. Por eso encajar su imagen en aquella situación fue como un rompecabezas difícil de solucionar.

– Hola, Gloria.

– Te dije que no hacía falta que vinieras.

– No seas así, anda. – Y le dio un beso en la mejilla mientras se volvía hacia mí con una sonrisa forzada. – ¡Carmen! Sigues igual.

– Desde luego, y tú también.

– Me enteré de lo tuyo, lo siento mucho.

– Gracias, gracias…

– Y ahora, señores, – Gloria se dirigió a nosotros dos – espero que no os moleste si prefiero entrar sola.

– Pero, Glo…

– No, es mi decisión y quiero entrar sola. No os preocupéis, en cuanto salga lo sabréis todo, no me voy a guardar información ni a hacerme la heroína, eso no va conmigo. Pero entrar, entro sola, ¿de acuerdo? – ¿Se podía discutir algo así?

Fue al mostrador y luego nos sentamos los tres en silencio en la sala de espera. Un silencio tenso, incómodo, ¿qué demonios estaba pasando? Si Roberto se encontraba con nosotras era solo porque ella lo había llamado, de modo que no era justo ese comportamiento. ¿Y yo? Lo que estaba pintado allí era un cuadro surrealista.

– Gloria, quiero entrar contigo.

– Ya he dicho que quiero entrar sola.

– Y yo te digo que quiero entrar también. ¿Para qué me has llamado entonces?

– Porque pensé que debías saberlo.

– Efectivamente, debía saberlo pero mucho antes. Aunque esa no es la cuestión ahora. De golpe y porrazo me entero de que puedo ser padre y de que puedo dejar de serlo, ¿y pretendes que yo lo asuma así?

– ¿Y qué quieres de mí, Roberto? – Debo confesar que era como una de esas telenovelas que le gusta a mi abuela, de esas que la tienen entretenida toda la tarde. Me faltaba la mesa camilla en el extremo de la sala de espera para no dejar de perderme una secuencia del culebrón.

– Quiero que seas algo más adulta y algo menos egoísta en un momento como este. Deja de pensar solo en ti por una vez en tu vida, joder. – De nuevo el silencio y yo sin saber en qué acabaría todo aquello.

Roberto era alto incluso sentado. Era el típico chico que te entra por los ojos desde el primer momento en que lo ves. Debo confesar que también se metió en mi mente al principio de conocerlo: era guapo, lo sabía pero no aparentaba saberlo; simpático, enrollado, con el detalle justo en cada uno de sus actos… El hombre que toda madre quiere para sus hijas (y que hubiera querido para sí misma si tuviera veinte años menos) y el hombre que provocaría celos desesperados en esa hija cada vez que saliera solo a la calle. Excepto si esa hija era Gloria y excepto si esa madre era la madre de Gloria. Tanta perfección era aburrida para una y para otra. Yo, por mi parte, no podía dejar de mirar a Roberto y pensar en Pepe. Así era yo, me preocupaban a más no poder las condiciones de Gloria, deseaba que todo fuera un susto y ese tipo de cosas que pasan al principio de los embarazos y que cuentas luego a posteriori con cara de circunstancias mientras meces a un niño en brazos dando por sentado que toda preocupación fue en vano porque mira lo que tienes ahí, delante de las narices. Sin embargo, veía a Roberto y mi mente los comparaba. Qué hombres tan diferentes. Pepe era un hombre contundente, grande, resuelto, decidido, mientras que Roberto parecía que siempre se iba a quedar en ese estado de adolescente venido a adulto del que cojean muchos hombres a su edad. Me daba pena por haberse enamorado de una persona tan complicada como Gloria. ¿Cómo se podía haber creado esa pareja tan extraña? Entre tanta reflexión tonta y sin argumentos, esas reflexiones que solo llegan en las salas de espera de los hospitales, la megafonía tronó algo que yo no entendí, pero que hizo levantarse como un resorte a Gloria. De nuevo la tragedia se mascaba. Roberto la miró desde abajo con cara de pocos amigos y acatando a regañadientes la decisión egoísta – yo también lo pensaba – de esa chica en la que nunca debió fijarse.

– ¿Vas a venir?

– Vamos. – Roberto no inmutó su cara, se ve que la apariencia de adolescente venido a adulto era solo apariencia, pero a mí sí que se me notó la boca abierta durante los minutos necesarios como para que mi mejor amiga me mirara y me dijera:

– Y tú ya puedes cerrar la boca, que se te nota demasiado. Espero no tardar demasiado.

 

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Comienza la segunda temporada

II. Eleonora

III. Mi vida sin mí

IV. Aventuras animadas de ayer y hoy presentan… ¡Sorpresa!

V. Vuelta a empezar

VI. Gloria, la visita más inesperada

VII. Verano azul

VIII. Hola, Pepe, soy Carmen

IX. Esto es Hollywood

X. Un paseo por las nubes… y caída libre

Es Carmen!

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