Carmen, buscando mi suerte: X. Un paseo por las nubes… y caída libre (4)

Desayuno con Carmen

X.4

Fue extraño. Más que extraño, raro. A Roberto no lo veía desde hacía años. Escuchar de él lo había hecho en muchas ocasiones, tantas como Gloria había caído en su cama desde que él se separara de su exmujer, pero verlo, nunca. Era de esas partes de la vida de Gloria que conoces de oídas, solo de oídas. Por eso encajar su imagen en aquella situación fue como un rompecabezas difícil de solucionar.

– Hola, Gloria.

– Te dije que no hacía falta que vinieras.

– No seas así, anda. – Y le dio un beso en la mejilla mientras se volvía hacia mí con una sonrisa forzada. – ¡Carmen! Sigues igual.

– Desde luego, y tú también.

– Me enteré de lo tuyo, lo siento mucho.

– Gracias, gracias…

– Y ahora, señores, – Gloria se dirigió a nosotros dos – espero que no os moleste si prefiero entrar sola.

– Pero, Glo…

– No, es mi decisión y quiero entrar sola. No os preocupéis, en cuanto salga lo sabréis todo, no me voy a guardar información ni a hacerme la heroína, eso no va conmigo. Pero entrar, entro sola, ¿de acuerdo? – ¿Se podía discutir algo así?

Fue al mostrador y luego nos sentamos los tres en silencio en la sala de espera. Un silencio tenso, incómodo, ¿qué demonios estaba pasando? Si Roberto se encontraba con nosotras era solo porque ella lo había llamado, de modo que no era justo ese comportamiento. ¿Y yo? Lo que estaba pintado allí era un cuadro surrealista.

– Gloria, quiero entrar contigo.

– Ya he dicho que quiero entrar sola.

– Y yo te digo que quiero entrar también. ¿Para qué me has llamado entonces?

– Porque pensé que debías saberlo.

– Efectivamente, debía saberlo pero mucho antes. Aunque esa no es la cuestión ahora. De golpe y porrazo me entero de que puedo ser padre y de que puedo dejar de serlo, ¿y pretendes que yo lo asuma así?

– ¿Y qué quieres de mí, Roberto? – Debo confesar que era como una de esas telenovelas que le gusta a mi abuela, de esas que la tienen entretenida toda la tarde. Me faltaba la mesa camilla en el extremo de la sala de espera para no dejar de perderme una secuencia del culebrón.

– Quiero que seas algo más adulta y algo menos egoísta en un momento como este. Deja de pensar solo en ti por una vez en tu vida, joder. – De nuevo el silencio y yo sin saber en qué acabaría todo aquello.

Roberto era alto incluso sentado. Era el típico chico que te entra por los ojos desde el primer momento en que lo ves. Debo confesar que también se metió en mi mente al principio de conocerlo: era guapo, lo sabía pero no aparentaba saberlo; simpático, enrollado, con el detalle justo en cada uno de sus actos… El hombre que toda madre quiere para sus hijas (y que hubiera querido para sí misma si tuviera veinte años menos) y el hombre que provocaría celos desesperados en esa hija cada vez que saliera solo a la calle. Excepto si esa hija era Gloria y excepto si esa madre era la madre de Gloria. Tanta perfección era aburrida para una y para otra. Yo, por mi parte, no podía dejar de mirar a Roberto y pensar en Pepe. Así era yo, me preocupaban a más no poder las condiciones de Gloria, deseaba que todo fuera un susto y ese tipo de cosas que pasan al principio de los embarazos y que cuentas luego a posteriori con cara de circunstancias mientras meces a un niño en brazos dando por sentado que toda preocupación fue en vano porque mira lo que tienes ahí, delante de las narices. Sin embargo, veía a Roberto y mi mente los comparaba. Qué hombres tan diferentes. Pepe era un hombre contundente, grande, resuelto, decidido, mientras que Roberto parecía que siempre se iba a quedar en ese estado de adolescente venido a adulto del que cojean muchos hombres a su edad. Me daba pena por haberse enamorado de una persona tan complicada como Gloria. ¿Cómo se podía haber creado esa pareja tan extraña? Entre tanta reflexión tonta y sin argumentos, esas reflexiones que solo llegan en las salas de espera de los hospitales, la megafonía tronó algo que yo no entendí, pero que hizo levantarse como un resorte a Gloria. De nuevo la tragedia se mascaba. Roberto la miró desde abajo con cara de pocos amigos y acatando a regañadientes la decisión egoísta – yo también lo pensaba – de esa chica en la que nunca debió fijarse.

– ¿Vas a venir?

– Vamos. – Roberto no inmutó su cara, se ve que la apariencia de adolescente venido a adulto era solo apariencia, pero a mí sí que se me notó la boca abierta durante los minutos necesarios como para que mi mejor amiga me mirara y me dijera:

– Y tú ya puedes cerrar la boca, que se te nota demasiado. Espero no tardar demasiado.

 

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Comienza la segunda temporada

II. Eleonora

III. Mi vida sin mí

IV. Aventuras animadas de ayer y hoy presentan… ¡Sorpresa!

V. Vuelta a empezar

VI. Gloria, la visita más inesperada

VII. Verano azul

VIII. Hola, Pepe, soy Carmen

IX. Esto es Hollywood

X. Un paseo por las nubes… y caída libre

Es Carmen!

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6 thoughts on “Carmen, buscando mi suerte: X. Un paseo por las nubes… y caída libre (4)

  1. María dice:

    Que grande es Gloria , incluso en momentos como este te saca una sonrisa! me encanta! Estoy deseando conocer más a Roberto….
    Genial!!! Cada semana te superas…. te perdono que nos sigas teniendo en ascuas 😉

    Me gusta

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