La Carmen que llevas dentro

Escribiendo, leyendo y releyendo Carmen! me he dado cuenta de una cosa: todas llevamos una Carmen dentro.

Porque Carmen tiene muchas cosas y seguro que con algunas de ellas es fácil sentirse identificada. Quizá yo, que la escribo, tenga más cosas en común con ella que otra persona, por aquello de que extrapolo ciertas características que supongo mías a su forma de ser y parecer, pero ¿quién no se ha sentido alguna vez tan agobiada que ha ansiado poner tierra de por medio durante unos meses? Irse a un pueblo a respirar aire fresco, tomar el sol y olvidarse de la realidad. ¿Quién no ha querido dar el paso de empezar de nuevo en otro sitio, en Madrid por ejemplo? ¿Quién no tiene que mantener a raya sus curvas? ¿Quién no ha sentido la llamada de la naturaleza y de repente, un día, necesita ser madre? ¿Quién no tiene conflictos con su madre, con su abuela?

Seguro que coincides con una de estas, ¿cuál sería tu Carmen?

Curvas

Carmen, esa mujer de armas tomar, de curvas vertiginosas, que celebró la apertura de Violeta – la nueva tienda de Mango – más que ninguna de sus amigas. Carmen lleva tacones hasta para andar por casa porque sabe que le favorecen. Carmen tiene un particular punto de vista sobre la vida y se enfrenta a ella cada segundo con un poco de locura y un mucho de ironía.

Tres Cármenes

Carmen pertenece a una larga estirpe de Cármenes, una tradición que al principio le agobiaba y ahora la hace sentir orgullosa. No solo comparte nombre con su madre, su abuela y quién sabe cuántas mujeres más de su familia, sino que comparte su cuerpo y su carácter.

Amor grande

Serenidad y desenfreno en la espalda de Pepe

 

Pero Carmen no se enamora de chicos malotes, eso lo deja para las novelas de amor que ella a veces lee, pero que nunca confesaría que hace, no sabemos por qué, supongo que lo iremos descubriendo. Ella ha dejado atrás esa época del tonteo, del tira y afloja, de los cuentos ideales, aunque a decir verdad nunca ha sabido lidiar con ese tipo de historias. Ella se enamora de HOMBRES, hombres que van al grano, que tienen muy claro lo que quieren, que tienen una risa franca y unas manos capaces de aunar seguridad y pasión con solo una pasada. Carmen se enamora de Pepe.

ConfusiónCarmen ha vivido mucho tiempo confundida, demasiado, pero ahora ha renacido. Vuelve a ser ella o como le gusta decir: una versión mejorada de sí misma. “Con casi 40 años, no me reconozco pero me gusto”. La Carmen que veremos en la tercera temporada, “Carmen, mi suerte está echada”, será muy diferente de la que hemos visto en las dos primeras. Hasta el tono de la narración será otro.

Antes de buscar a tu Carmen interior, descúbrela aquí: ¿Qué es La Suerte de Carmen?

Y una vez que sepas quién es, qué es, tienes mucho que leer para ponerte al día con este relato por entregas antes de que comience la tercera temporada.

Pincha sobre las imágenes para ir a la primera y segunda temporada.

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La Suerte de Carmen

¿Qué es La Suerte de Carmen?

Al comienzo de este blog, quizá debería haber empezado por responder a esta pregunta. Di por hecho que los seguidores de Carmen en My Stories Project serían los mismos que se trasladarían aquí a leer su suerte y empecé, como quien dice, por donde lo había dejado allí: con sus entregas semanales cada miércoles y añadiendo todo su universo alrededor (música, fotos, tips) que ya había empezado a forjar en Facebook y Twitter. No caí en la cuenta de que, a lo mejor, los nuevos lectores de Carmen necesitasen una pequeña guía para descubrir a Carmen sin necesidad de estar buceando en las páginas del blog.

La Suerte de Carmen es un relato por entregas que cada miércoles lanza un nuevo post sobre Carmen y su suerte. Carmen comenzó como un relato corto (Carmen, mi suerte en la vida) que no ganó un concurso y que, después de este revés, creció  en Internet hasta convertirse en lo que es hoy: una historia que ya va por su tercera temporada.

Carmen, mi suerte en la vida

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 Primera temporada

Así comienza. No desvelo nada si digo que Carmen pierde a su pareja de un modo particular sumiéndola en un estado de shock y confusión que la hace zozobrar durante un año, dando tumbos por la vida e intentando sobrevivir a su situación. No desvelo nada porque así precisamente empieza el relato. Tras una búsqueda alternativa, se lía la manta a la cabeza y emprende una huida hacia adelante: se marcha a pasar el verano al pueblo de sus padres.

Ese año de zozobra está en proceso de creación (Carmen, sobreviviendo a mi suerte).

Carmen, buscando mi suerte

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 Segunda temporada

En ese pueblo al que ella iba de pequeña y que ahora solo pisa para cuidar de vez en cuando la casa familiar, conocerá a un interesante grupo de mujeres que le hará ver la vida desde perspectivas diferentes y también se topará, como no podía ser de otro modo, con un hombre, Pepe, que le ayudará o no a salir adelante. Eso lo tendrás que descubrir tú leyendo su suerte.

Carmen, mi suerte está echada

En proceso de creación.

 Tercera temporada

Carmen ha crecido personalmente, ha superado su dolor que atesora como recordatorio de que la vida puede darte de bofetadas en un momento dado, pero que también puede premiarte con regalos inesperados. Su suerte cambia de escenario: de uno rural y veraniego a otro otoñal, urbano y cosmopolita, Madrid. Carmen, mujer de curvas y armas tomar, se ha vuelto más decidida, tiene las cosas más claras, arriesga.

Precisamente ahora me encuentro escribiendo esta tercera temporada y por eso hoy miércoles no hay nueva entrega de Carmen! pero sí un post resumen que seguro ayudará a resolver dudas y a aprender a navegar por las decenas de páginas que componen este relato por entregas.

Pero ¿qué género es La Suerte de Carmen? ¿Literatura romántica, género femenino? Bueno, a mí me gusta el denostado concepto de chick-lit – que no entiendo por qué es tan criticado -. Yo no sé si lo que yo consumo con avidez es chick-lit o no, pero me encanta. Tanto que es de ese universo del que me he imbuido para crear a Carmen y su suerte y en especial de una autora, Marian Keyes, cuyas novelas me roban el corazón y el sueño. (Por cierto que el 26 de marzo sale en español su último libro Mi karma y yo, una cita ineludible desde luego).

Ahora solo me queda invitaros a pinchar en los diferentes enlaces que he ido sembrando a lo largo de este post para que conozcáis, os pongáis al día o rememoréis los mejores momentos de Carmen! También tenéis en la cabecera del blog todas las páginas del relato y del Universo Carmen! Déjate seducir por su historia, una historia con amor, locura e ironía que seguro te sacará alguna sonrisa.

Por cierto, esta soy yo

Es Carmen!

 

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El Día de los Enamorados

Podría decir como tantas y tantas personas que no cree en el día de San Valentín, que es una celebración creada por los grandes almacenes, en particular por El Corte Inglés, que no necesita un día en especial para demostrar su amor, su cariño… Yo sí. Yo sí necesito ese día, son 24 horas de pura emoción cuando tengo pareja, horas en las que espero un detalle por pequeño que sea que me haga sonreír y hacer luego el amor con mucha más dedicación. Es así, qué le voy a hacer.

Los días de San Valentín de mi vida siempre han sido un continuo preparativo. Desde pequeña, y aunque no tuviera novio, me ponía algo rojo. Porque siempre, invariablemente, me encontraba enamorada de alguien que, por supuesto, no me hacía el más mínimo caso. No me importaban las burlas de los demás: “¡Carmen está enamorada!”, dicho con ese soniquete impertinente que solo los niños saben poner. Me sentía importante con mi chaleco rojo, mis pantalones rojos o mi bufanda roja, me gustaba que se notara bien que mi corazón estaba ocupado. Gloria, a diferencia del resto de los días del año, ese en concreto no me defendía, me decía que yo misma me buscaba que los demás se metiesen conmigo por esa actitud mía tan ñoña.

Con la edad aprendí a llevar algo rojo pero de forma discreta. Dejar de hacerlo sería como faltar a mis principios. Recuerdo que mi madre me compraba ropa interior con detalles en rojo y me guiñaba un ojo cómplice. Porque sé que en el fondo de su corazón es de lo más conservadora y su ilusión es que tenga a la próxima generación de Carmen dentro de un matrimonio celebrado como Dios manda, sino parecería que me empujaba a estrenar esas braguitas en mi primera relación sexual a los quince años. Tenía guantes rojos que me ponía durante todo el invierno, pero que ese día cobraban un significado especial; calcetines rojos tobilleros para no llamar la atención; unos pendientes con una piedra minúscula y, sí, roja, que me solía poner varios días antes para que no levantaran la liebre… Gloria me miraba siempre entre cómica y harta, conocía mis trucos. Igual que yo conocía los suyos.

Cuando fui mayor y tuve pareja y tuve la suerte de tenerla durante esa jornada que ya se había convertido en pornográfico festiva si era así, me encargaba de que el chico de turno supiera desde siempre la ilusión que me hacía. Me compraba ropa interior de la buena y de un rojo chillón y a veces hasta vulgar – por la estética que no por el precio –, nada que ver con aquellas braguitas inocentes con estampados en rojo que mi madre me compraba de adolescente. A cambio yo esperaba algún numerito espectacular y tengo que reconocer que me encontré con pétalos de rosas rojas sobre la cama, champán en copas de diseño y alguna que otra cena que terminó en el baño del restaurante – muy a mi pesar –.

Así es mi Día de los Enamorados, una historia de amor, ilusión y sexo que acompaño normalmente de unos zapatos Louboutin que me compré un mes que dejé de comer para pagarlos – es una exageración, decidí sacrificarme e irme todos los días a almorzar a casa de mis padres y cenar sándwiches y ensaladas o yogures –. Con esa suela roja no podía hacer otra cosa.

Carmen! es un relato por entregas con más de año y medio de andadura en Internet.

Lee Carmen! desde el principio y disfruta en este San Valentín de una historia con mucho amor, algo de locura y una pizca de ironía

– Primera temporada, “Carmen, mi suerte en la vida”.

– Segunda temporada, “Carmen, buscando mi suerte”.

Y una tercera temporada, “Carmen, mi suerte está echada”, que está todavía cocinándose en el horno y que promete ofrecernos a una Carmen más decidida y más libre, pero para la que el amor sigue siendo muy importante.

Es Carmen!

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Carmen, buscando mi suerte: XIV. Soy Carmen, la que llega a Madrid

No sé cómo empezar, es difícil. Si hace un año y medio alguien viene y me dice que hoy estaría tomando el sol a la brisa del final del verano en plena Plaza Mayor de Madrid, me habría vuelto y me habría descojonado en su cara. Para después enfadarme y preguntarle que qué pensaba de mi vida, que si creía que yo era así de veleta… Pero tampoco me hubiera creído que mi pareja, esa con la que pensaba pasar el resto de mi vida y con la que había comenzado a convivir, desapareciera de mi existencia de una forma tan confusa y traumatizante; que pasaría un año de perros extraviada en mis sentimientos y en mi ambiente natural; que me iría a desquitarme al pueblo de mis padres, ese del que huí siendo una adolescente, y que allí, finalmente, no solo encontraría un grupo bastante variopinto de amigas que me aportaría mucho sino que me toparía con Pepe, un hombre al que aún me da miedo considerar algo más, pero que reconozco que tiene todas las papeletas para ser ese HOMBRE en mayúsculas en mi futuro.

He aprendido mucho en este año y medio: a relativizar, a ser más madura, a decidir con decisión – lo cual no es una redundancia, al menos en mi caso –, a hacer el amor en el campo – que eso también me lo hubieran dicho hace un año y medio y me hubiese vuelto como lo hace mi abuela soltando una fresca que ni yo sería capaz de transcribir aquí –. Pero sobre todo he aprendido que las desgracias pasan y que eso tan manido de que el tiempo lo cura todo es realmente cierto. Aunque yo lo matizaría un poco: el tiempo no lo cura todo, no, el tiempo lo atenúa todo, lo amodorra, lo alivia, lo aleja… hasta dejarte seguir haciendo tu vida e ilusionarte de nuevo con un miércoles o un martes cualquiera.

Y luego vienen las lecciones menores, esas que a las que no solemos prestar mucha atención, pero que están ahí de fondo, como por ejemplo que nunca es tarde para hacer los bártulos e irte a Madrid (quien dice a Madrid, dice a Bilbao o a Pontevedra), aunque también con matices, con una edad te vas con una red de seguridad debajo, como los trapecistas, que tampoco es cuestión de hacer de kamikaze con casi cuarenta años.

No me puse a reflexionar así en alto cuando lo anuncié en casa, allí en el pueblo, con mi abuela negando con la cabeza y alzando la voz para señalarme y decirme “¡Loca!”, mi madre yéndose a la cocina y poniéndose a cocinar para no partirme un jarrón en la cabeza y llevarme inconsciente a una clínica de reposo y mi padre mirándome con una de esas miradas suyas tan elocuentes y que, en esta ocasión, no supe descifrar; ni tampoco en el despacho de mi jefe que se quedó consternado y densificó todo su olor corporal en aquel habitáculo hasta hacerme salir para vomitar al baño; ni al decírselo a Gloria, que con una mano en su barriga y otra en su corazón me dijo muy solemne: “Yo no soy ya nadie para dictar sentencias y opinar sobre lo que se espera de una o no, pero te voy a echar tanto de menos que creo que voy a estar enfadada contigo al menos hasta que nazca el bebé”. Me puse a reflexionar para mí misma en la Plaza Mayor mientras esperaba a Pepe en nuestra primera cita en un contexto diferente al del calor del verano, los mosquitos y las calles empedradas del pueblo. Cerca de dos meses llevábamos sin vernos, lo que quiere decir que llevaba cerca de dos meses de celibato obligado que ahora me suponían una tortura, sin recordar que había estado más de un año en dique seco y sin querer humedecerlo. Había decidido ponerme mi vestido negro ceñido que, gracias a un verano generoso de helados y buenas comidas caseras – mi familia se quedó en el pueblo más de lo que esperábamos y Toñi no tuvo que competir para alimentarme de forma conveniente – ya llenaba como debían mis curvas, que volvían a estar en todo su esplendor, voluptuosas y obligándome de nuevo a controlarlas a base de volver a mis zapatillas chillonas.

Y apareció él. Verlo allí, en ese cambio de escenario tan brutal fue como un shock para mi cabeza, los primeros segundos fueron de posicionamiento en la realidad. Después, cogí mi mantoleta roja y me relié en ella para levantarme y devolverle la sonrisa que ya me lanzaba desde la otra punta de la plaza. Sí, llevaba mis zapatos de Louboutin, me sentía alta, estilizada y segura de mí misma. Tanto que deseé sin pudor alguno irnos a su casa y sin deshacerme de ellos, acabar con la abstinencia que tanto me estaba quemando por dentro.

Beso, manos posesivas en la cadera y:

– ¿Un bocata de calamares?

– Sí, vamos a comer que con lo que estoy pensando ya me ha entrado hambre…

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Comienza la segunda temporada

II. Eleonora

III. Mi vida sin mí

IV. Aventuras animadas de ayer y hoy presentan… ¡Sorpresa!

V. Vuelta a empezar

VI. Gloria, la visita más inesperada

VII. Verano azul

VIII. Hola, Pepe, soy Carmen

IX. Esto es Hollywood

X. Un paseo por las nubes… y caída libre

XI. Cuidadito, cuidadito

XII. Propósitos

XIII. ¿Comenzamos?

Es Carmen!

 

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Carmen, buscando mi suerte: XIII. ¿Comenzamos? (y 3)

XIII.3

Las dos Toñi, madre e hija, eran un remanso de paz en aquel maremágnum de ideas y emociones que yo estaba viviendo. No digo que la tranquilidad que yo necesitaba en ese momento, eso ni por asomo, pero sí una distracción lo suficientemente atrayente como para dejar de lado mis profundas decisiones con sus profundas consecuencias y prestar atención a los devaneos domésticos de dos mujeres con las que hablar era un verdadero deporte de riesgo.

– ¡Toñi, qué alegría! – Dije Toñi en general, refiriéndome a ambas mujeres que avanzaban hacia mí en una mezcla de alegría e interés desmedido por la escena de la que estaban siendo testigos.

– Dame un abrazo y un beso, amiga. – Esa era la madre que me abrazaba y mientras le echaba un vistazo a Pepe que seguía sentado relajadamente en su silla de hierro sin ninguna intención de levantarse a saludar. – Hola, Pepe.

– Hola, qué tal.

– ¡Toñi! – Ahora abrazaba a la hija, que me quitaba a los niños de encima para poder acercase a mí un poco más y hacer exactamente lo mismo que su madre: mirar de reojo a Pepe.

– Buenas noches, Pepe.

– Buenas noches, Toñi. – Yo podía ver con su gesto se tornaba en una mueca socarrona.

– Os esperaba mucho antes, para qué voy a mentiros. Habéis estado en la playa mucho más de lo que teníais planeado, ¿no?

– Oh, sí, pero esa historia es muy aburrida. Llego a saber TODO lo que se estaba cociendo aquí y no me voy. Para una vez que el verano en el pueblo es interesante… – Y Toñi madre movía las manos sin ton ni son en un alarde de gesticulación y verborrea sin control que me tenía totalmente anonadada.

– ¿Lo que ha pasado aquí?

– Me he encontrado a tu madre, está por allí. Gloria, Eleonora, tú… hija mía, no sabes cuánto siento no haber estado para ayudar. Me voy una semana y el mundo gira 360 grados.

– Querrás decir 180.

– Bueno, tú me entiendes. ¿Y qué? Lo tuyo con Pepe, viento en popa, ¿no? – ¿Se daba cuenta de que él lo estaba escuchando todo? ¿O lo hacía precisamente por eso?

– En fin, Toñi, solo te puedo decir que va, ¿no, Pepe?

– Oh, sí, va muy bien. Se viene a Madrid.

– ¡Pepe!

– ¿A Madrid? ¿Os vais a vivir juntos? ¡Madre mía! – Pepe se rio y calló como un perro. No la sacó de su error ni hizo intento de hacerlo. Yo lo miré con los ojos desorbitados mientras luchaba en mi interior por asimilar cómo se me había ido la situación de las manos de una forma tan tonta. ¡Si no se lo había dicho a mi familia todavía! Él ya había entrado en modo carcajada cuando me vio intentar tranquilizar la animosidad de mi casera. Toñi junior había parado en seco de reprender a los niños que ante una mirada de lo menos sutil quedaron inmóviles en un lado del cuadro y se volvió muy seria hacia mí.

– A Madrid… cómo me gustaría tener tu vida ahora mismo. – Y observó el pañuelo lleno de helado de chocolate con el que acababa de limpiar las bocas de sus hijos.

– A ver, Toñi, la cosa no es lo que parece. Voy a ir a Madrid pero no a casa de Pepe. ¿Verdad, Pepe?

– Cierto.

– ¿Ves? Y esto es más… más complicado de lo que parece, ya te lo contaré con detalle. Ahora solo te pido un poco de discreción – lo cual era un poco inútil después del grito que había pegado en mitad del chiringuito – porque ni mis padres ni mi abuela saben nada aún de mis planes.

– Cuenta conmigo, Carmen, boca cerrada.

– Muy bien.

– Ahora, querida, nos vamos a casa, hemos venido solo por dar un paseo y buscaros. Pero ya vemos que todos estáis ocupados, así que nada. Hay que desempaquetar muchas cosas.

– Demasiadas.

– Nunca es demasiado con dos niños pequeños, hija.

– Ya, dímelo a mí.

– Por favor, Toñi, no seas contestona…

– Una semana dura, ¿no?

– ¡Sí! – Contestaron las dos al unísono.

Cuando volví a la mesa, Pepe me miraba de forma extraña.

– Me encanta ver cómo te desenvuelves con la gente.

– ¿Cómo? ¿Que te gusta cómo arreglo tus bromas?

– Te pones muy graciosa, con ese agobio que hace que se te suban los colores. Pareces una chiquilla.

– Pepe, sé sincero, di que lo que has hecho no está bien. Ahora debería estar enfadada contigo.

– Soy sincero y lo que he hecho no está nada bien, pero no he podido reprimirme. – Se incorporó y continuó en susurros desde el otro lado de la mesa. –  Ahora, más que nunca, lo único que quiero es dejar esta comida aquí e ir a por el postre directamente.

– Pues mira qué bien, ahora soy yo la que no quiere dejar de comer, de hecho, tengo un hambre que me muero.

– Carmen…

– Voy a comer y luego… Luego ya veremos.

Ya sabía yo que “luego ya veremos” no era una muestra enérgica de nada y que no sabía por qué demonios no me había enfadado como una loca por la jugada que me había hecho Pepe.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Comienza la segunda temporada

II. Eleonora

III. Mi vida sin mí

IV. Aventuras animadas de ayer y hoy presentan… ¡Sorpresa!

V. Vuelta a empezar

VI. Gloria, la visita más inesperada

VII. Verano azul

VIII. Hola, Pepe, soy Carmen

IX. Esto es Hollywood

X. Un paseo por las nubes… y caída libre

XI. Cuidadito, cuidadito

XII. Propósitos

XIII. ¿Comenzamos?

Es Carmen!

 

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