Carmen, buscando mi suerte: XIII. ¿Comenzamos? (y 3)

XIII.3

Las dos Toñi, madre e hija, eran un remanso de paz en aquel maremágnum de ideas y emociones que yo estaba viviendo. No digo que la tranquilidad que yo necesitaba en ese momento, eso ni por asomo, pero sí una distracción lo suficientemente atrayente como para dejar de lado mis profundas decisiones con sus profundas consecuencias y prestar atención a los devaneos domésticos de dos mujeres con las que hablar era un verdadero deporte de riesgo.

– ¡Toñi, qué alegría! – Dije Toñi en general, refiriéndome a ambas mujeres que avanzaban hacia mí en una mezcla de alegría e interés desmedido por la escena de la que estaban siendo testigos.

– Dame un abrazo y un beso, amiga. – Esa era la madre que me abrazaba y mientras le echaba un vistazo a Pepe que seguía sentado relajadamente en su silla de hierro sin ninguna intención de levantarse a saludar. – Hola, Pepe.

– Hola, qué tal.

– ¡Toñi! – Ahora abrazaba a la hija, que me quitaba a los niños de encima para poder acercase a mí un poco más y hacer exactamente lo mismo que su madre: mirar de reojo a Pepe.

– Buenas noches, Pepe.

– Buenas noches, Toñi. – Yo podía ver con su gesto se tornaba en una mueca socarrona.

– Os esperaba mucho antes, para qué voy a mentiros. Habéis estado en la playa mucho más de lo que teníais planeado, ¿no?

– Oh, sí, pero esa historia es muy aburrida. Llego a saber TODO lo que se estaba cociendo aquí y no me voy. Para una vez que el verano en el pueblo es interesante… – Y Toñi madre movía las manos sin ton ni son en un alarde de gesticulación y verborrea sin control que me tenía totalmente anonadada.

– ¿Lo que ha pasado aquí?

– Me he encontrado a tu madre, está por allí. Gloria, Eleonora, tú… hija mía, no sabes cuánto siento no haber estado para ayudar. Me voy una semana y el mundo gira 360 grados.

– Querrás decir 180.

– Bueno, tú me entiendes. ¿Y qué? Lo tuyo con Pepe, viento en popa, ¿no? – ¿Se daba cuenta de que él lo estaba escuchando todo? ¿O lo hacía precisamente por eso?

– En fin, Toñi, solo te puedo decir que va, ¿no, Pepe?

– Oh, sí, va muy bien. Se viene a Madrid.

– ¡Pepe!

– ¿A Madrid? ¿Os vais a vivir juntos? ¡Madre mía! – Pepe se rio y calló como un perro. No la sacó de su error ni hizo intento de hacerlo. Yo lo miré con los ojos desorbitados mientras luchaba en mi interior por asimilar cómo se me había ido la situación de las manos de una forma tan tonta. ¡Si no se lo había dicho a mi familia todavía! Él ya había entrado en modo carcajada cuando me vio intentar tranquilizar la animosidad de mi casera. Toñi junior había parado en seco de reprender a los niños que ante una mirada de lo menos sutil quedaron inmóviles en un lado del cuadro y se volvió muy seria hacia mí.

– A Madrid… cómo me gustaría tener tu vida ahora mismo. – Y observó el pañuelo lleno de helado de chocolate con el que acababa de limpiar las bocas de sus hijos.

– A ver, Toñi, la cosa no es lo que parece. Voy a ir a Madrid pero no a casa de Pepe. ¿Verdad, Pepe?

– Cierto.

– ¿Ves? Y esto es más… más complicado de lo que parece, ya te lo contaré con detalle. Ahora solo te pido un poco de discreción – lo cual era un poco inútil después del grito que había pegado en mitad del chiringuito – porque ni mis padres ni mi abuela saben nada aún de mis planes.

– Cuenta conmigo, Carmen, boca cerrada.

– Muy bien.

– Ahora, querida, nos vamos a casa, hemos venido solo por dar un paseo y buscaros. Pero ya vemos que todos estáis ocupados, así que nada. Hay que desempaquetar muchas cosas.

– Demasiadas.

– Nunca es demasiado con dos niños pequeños, hija.

– Ya, dímelo a mí.

– Por favor, Toñi, no seas contestona…

– Una semana dura, ¿no?

– ¡Sí! – Contestaron las dos al unísono.

Cuando volví a la mesa, Pepe me miraba de forma extraña.

– Me encanta ver cómo te desenvuelves con la gente.

– ¿Cómo? ¿Que te gusta cómo arreglo tus bromas?

– Te pones muy graciosa, con ese agobio que hace que se te suban los colores. Pareces una chiquilla.

– Pepe, sé sincero, di que lo que has hecho no está bien. Ahora debería estar enfadada contigo.

– Soy sincero y lo que he hecho no está nada bien, pero no he podido reprimirme. – Se incorporó y continuó en susurros desde el otro lado de la mesa. –  Ahora, más que nunca, lo único que quiero es dejar esta comida aquí e ir a por el postre directamente.

– Pues mira qué bien, ahora soy yo la que no quiere dejar de comer, de hecho, tengo un hambre que me muero.

– Carmen…

– Voy a comer y luego… Luego ya veremos.

Ya sabía yo que “luego ya veremos” no era una muestra enérgica de nada y que no sabía por qué demonios no me había enfadado como una loca por la jugada que me había hecho Pepe.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Comienza la segunda temporada

II. Eleonora

III. Mi vida sin mí

IV. Aventuras animadas de ayer y hoy presentan… ¡Sorpresa!

V. Vuelta a empezar

VI. Gloria, la visita más inesperada

VII. Verano azul

VIII. Hola, Pepe, soy Carmen

IX. Esto es Hollywood

X. Un paseo por las nubes… y caída libre

XI. Cuidadito, cuidadito

XII. Propósitos

XIII. ¿Comenzamos?

Es Carmen!

 

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