Carmen, mi suerte está echada: III. La fiesta (1)

III.1

No hay estreno de casa, aunque sea un cuchitril y, ojo, no considero mi miniapartamento uno de ellos, sin una buena fiesta de inauguración. No es que yo tuviera ganas, es que me vi empujada a ella sin piedad por el resto del elenco de la productora que parecía tener mono de fiestas caseras en las que desfasar y poder quedarse dormidos por doquier sin miedo a que la Policía los multase por desorden público en las calles de Madrid. No fue tanto ni tan exagerado, pero es que no solo estrenaba piso, también reponía mis manos del lote de fregar que me había dado durante todo un fin de semana para hacer medio habitable aquel tercero sin ascensor que me había agenciado. Quería mantenerlo limpio lo máximo posible. Al menos tuve la precaución de no invertir en él antes de la fiesta, no quería que mi nuevo sofá y mis complementos de decoración sufrieran la ira del alcohol tan pronto.

Una semana después de mudarme, los tenía a todos allí, celebrando además que habíamos ganado un programa para una importante cadena nacional, lo que garantizaba trabajo para todos. ¿Había un motivo mejor para reunirse en mi casa? Yo no lo veía por ningún lado.

– Hola, guapetona.

– Hola, Toñi, no sabes lo que me alegro de escucharte. – Justo cuando empezaba a llegar la gente a casa, unas veinte personas que tendría que distribuir a la manera de las teterías: por el suelo y sobre cojines roídos, llamó Toñi, Toñi madre para más señas, que no había dejado de interesarse por mi vida desde que me marché del pueblo, había incluso veces que me llamaba más a menudo que mi madre. Hasta que se lo comenté un día y empezó ella también a llamarme diariamente. Una lucha colosal que aún hoy no he sabido cómo atajar y que sufro en silencio. – Pero me coges fatal.

– Escucho mucho barullo.

– Estoy haciendo una fiesta, una fiesta de inauguración.

– ¿Por fin piso propio?

– Ajá.

– ¡Ay, no sabes lo que me alegro!

– Más me alegro yo, la verdad.

– Ya vamos a poder ir a visitarte a la capital, con la ilusión que me hace. – Ese momento autoinvitación no lo tenía yo nada pronosticado.

– Pues ya ves, es lo mismo que dijo mi madre esta misma mañana.

– ¿Tu madre?

– Sí, ya tiene previsto el viaje y todo.

– Pues cuando tenga las fechas, dímelas, para no coincidir.

– No te preocupes, Toñi, que te mantendré informada. Y ahora, si me perdonas, tengo que dejarte, soy la anfitriona.

– Sí, claro, querida mía. Saludos de mi hija, dice que tiene muchas ganas de verte también, que cuando vayamos quiere ir a ver el musical ese de los leones…

– Eso está hecho, dale un beso de mi parte.

Puse el móvil en vibrador, cerré la puerta de mi habitación – había lugares sagrados en los que no dejaría que entrara nadie – y… ¿por qué era yo la única que iba calzada?

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

Es Carmen!

 

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6 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: III. La fiesta (1)

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