Carmen, mi suerte está echada: III. La fiesta (3)

III.3

Alberto, mi jefe supremo. Ese que me había ascendido. Ese que me echaba miradas de deseo desde el primer día que puse el pie en la productora. Ese que había dejado plantada a su novia el mismo día que se enteró de mi ruptura con Pepe. Porque una cosa tenía que decir en su defensa: había sido de lo más respetuoso conmigo, a pesar de haberme mostrado sus cartas desde el principio, mientras tuve pareja. Y había sido de lo menos respetuoso con la suya condicionando su relación a mi estado civil. Lo miraba todo desde fuera y no me veía para nada como la rompecorazones en la que parecía haberme convertido.

Conocí a Alberto en mi primera jornada de trabajo. Me sentaron en una mesita con cajón que parecía reciclada de un almacén viejo al fondo de una sala llena de grandes ordenadores y sillas preciosas de oficina y él entró con un maletín en esa misma sala, la recorrió como quien recorre sus dominios a caballo una luminosa mañana invernal en los campos escoceses, con una seguridad apabullante y regalando saludos cordiales a todos. Esos todos le devolvieron sonrisas y buenas palabras, había incluso quien le ofreció un café. Hasta que llegó a mí. Se paró, me miró desde arriba en el mismo instante en que yo me agachaba para investigar el mecanismo de esa silla que me habían asignado y que era la única que superaba los diez años de edad y me dio la bienvenida tendiéndome la mano.

– Nuestra nueva adquisición.

– Bonita forma de llamarme, pero sí. Hola, soy Carmen.

– Yo, Alberto.

– Lo sé. – Llegados a este punto ya estaba levantada y apretándole la mano. Gracias al cielo que había elegido un tacón alto para la ocasión, porque ese hombre era de los más altos que yo había visto en mi vida. Después le diría a Pepe que casi me había intimidado con esa seguridad que irradiaba. Y Pepe me contestaría que para intimidarme a mí se necesitaba más que una estatura fuera de lo normal. Luego los dos nos intimidamos y acabamos como siempre.

– Eso está bien, que conozcas al personal. Bueno, bienvenida. Estás bajo las órdenes de Armando, pero para lo que quieras, aquella es mi oficina.

– También la conozco, ya he hecho el tour esta mañana.

– Estupendo, pues si tienes los deberes hechos, ya puedo pedirte que me traigas los dossieres de los programas que hemos estado esbozando durante los últimos cuatro meses.

– De acuerdo, enseguida.

Y no fue enseguida porque esa tarea me llevó dos días de expurgo minucioso después de que Armando me explicara lo que realmente significaba aquella petición. Cuando le di el resultado de mi trabajo a Alberto, me miró, esbozó una sonrisa, cogió las carpetas, las dejó en su mesa y me dio las gracias. Aún tengo la sensación de que ni siquiera leyó mis anotaciones.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

Es Carmen!

 

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8 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: III. La fiesta (3)

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