Carmen, mi suerte está echada: IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

Gloria descolgó el auricular y lo primero que escuché fue un grito estrepitoso que me puso los pelos de punta.

– ¡Roberto, por favor, coge al niño! – A Gloria se le había adelantado el parto y tenía un pequeño Roberto en su vida desde hacía un par de semanas. También tenía al gran Roberto junto a ella. Según sus explicaciones había sido simplemente una cuestión práctica: vivirían juntos los primeros meses del bebé para poder compartir responsabilidades incluso por la noche. Yo sabía que, aunque ahora su horno no estuviera para bollos, sí lo estaría después de la cuarentena y entonces, entonces que se dedicara a contarme cuentos chinos. – Hola, Carmen, amor mío, – ¿amor mío?, sí que le había cambiado la maternidad –, ¿cómo va todo?

– Como el culo.

– ¿Discusión con Pepe? – Su voz sonaba cansada, apática, empezaba a dudar de que mi controladora aérea pudiera ser ella en estos momentos. Pero fue la costumbre de marcar su número, podía haber llamado, no sé, por ejemplo a Eleonora. Seguramente lo haría más tarde, cuando diese por terminada esta conversación.

– No, esta vez no, no hablamos desde que rompimos, estamos cumpliendo.

– ¿Ha contestado a tus mensajes?

– ¿Cómo demonios…?

– Carmen, por Dios, que después de parir una vez, tengo la sensación de que te he parido a ti también.

– Pues no hables tan rápido, no, que no te llamo por Pepe. Te llamo porque me he acostado con Alberto, ahí lo llevas.

– ¡Carmen!

– Gloria, ¿ha pasado algo? – Era Roberto el que hablaba de fondo, tal era el grito que había dado a través del teléfono.

– Eh, no, no, Roberto, no, cosas nuestras. ¡Carmen! – Esta vez susurrando. – ¿Qué me dices? Pero, ¡qué vida tan interesante! Follando sin parar con hombres que valen la pena, si es que he dejado en buenas manos mi legado.

– No digas tonterías, Gloria, hazme el favor. Creo que este es uno de los mayores errores de mi vida.

– Ya, la verdad que acostarte con tu jefe no es una idea muy acertada, por muy bueno que esté. Acabas de independizarte de la familia feliz, ¿no? – Escuchar lo de “acabar de independizarme” me retrotrajo a mi adolescencia, cuando tuve que luchar contra mis padres por querer irme de casa al estabilizarme en un trabajo que estaba en mi misma ciudad de siempre. No lo entendían, ¿para qué gastar dinero en un alquiler si podía seguir viviendo con ellos? Con el tiempo lo hicieron y con el tiempo le vieron la punta a tener una habitación de más en su piso.

– Sí, pero no creo que haya problemas de ese tipo. Quiero decir, no creo que me afecte en mi trabajo, ya te he hablado de Alberto. El problema es más bien… moral, no, moral no es la palabra. El problema es… ¡joder, Gloria, que lo dejé con Pepe hace una semana! E intentado volver con él en estos últimos días… Sigo enamorada de él y lo quiero, ¿entiendes?

– Pues no, no lo entiendo, ¿qué haces entonces haciendo jueguecitos de sábanas con tu jefe? – Era una pregunta de lo más sencilla y a la vez de lo más complicada.

– Estaba borracha.

– Excusas.

– Y me había fumado un porro… o dos… o más.

– Carmen, no te reconozco.

– Ni yo.

– De todas formas eso no te exculpa, piensa bien en lo que has hecho porque a lo mejor querías hacerlo más de lo que tú te crees.

– Oh, Gloria, no pensaba que me fueras a decir eso.

– ¿Y qué quieres que te diga? ¿Lo que tú quieres y esperas escuchar? Mira, Pepe era el caballo ganador para mí, yo había apostado por él, pero todo ha sido tan raro, tan difícil… Quizá necesites un descanso y tirar por una autopista y no por un camino de cabras.

– Tú y tus metáforas.

– Yo y mis metáforas nos vamos ahora con viento fresco, que el bebé reclama mi teta.

– Venga, un beso.

– Y perdona si no te he sido de más ayuda, pero parece que mi cabeza se ha asentado un poco.

– ¿De verdad piensas que necesitaba un descanso de Pepe?

– No, pero a lo mejor tú sí lo pensabas. Cariño, me tengo que ir, siento no…

– Ya, ya, lo entiendo. Dale un beso al bebé. Chao.

– Chao, amore.

Y colgó dejándome con más dudas, más cosas en las que pensar y con más ganas de ver a Pepe que nunca.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

Es Carmen!

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6 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

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