Carmen, mi suerte está echada: V. Reflexionando que es gerundio (1)

V.1

Pepe y yo hace una semana que acabamos, pero hacía un mes que la relación no iba bien. En solo treinta días las cosas se precipitaron, ocurrieron algunas situaciones desagradables y lo que parecía que podía ser terminó por no poder serlo. Todo muy confuso, o todo demasiado claro porque el problema original se resumía en una simple frase: yo quería ser madre y Pepe no quería tener más hijos.

Cuando me vine a Madrid, Pepe era un aliciente, o mejor dicho: él era EL ALICIENTE. Sabía que podría comenzar una relación como es debido con el hombre que en tan solo unas semanas me había hecho olvidar mis miserias anteriores y me había lanzado como un cohete de nuevo a la vida en todos los sentidos. Me había proporcionado seguridad, incluso más de la que tenía antes del fatídico evento; me había regalado una actitud de la que tomé lo que pude, como la decisión y la falta de dramatismo; en definitiva, me había señalado un camino que yo no había logrado ver a pesar de los esfuerzos de la gente que me quería. Muchas veces la maquinaria interna de las personas es complicada y cruel: ves lo que los demás te quieren mostrar solo cuando alguien nuevo e interesante lo hace. Ese alguien nuevo e interesante fue Pepe.

Me tiré en el sofá, que todavía estaba húmedo de la bebida derramada la noche anterior, y decidí ir a Ikea esa misma tarde aunque fuese un suicidio social: ir a Ikea un sábado por la tarde podía ser bastante contraproducente para la salud mental y física de cualquier persona, más aún si va sola y nadie la protege de la horda de niños y padres malhumorados que creen que aquello puede asimilarse a un centro comercial para sus retoños. Pero no podía aguantar esa situación por más tiempo. Coloqué entonces una manta sobre la humedad y volví a tumbarme. Me descalcé y mis cuñas – que me había puesto solo para no parecer pequeña e ínfima en mi conversación con Alberto – hicieron un ruido estrepitoso en el suelo y llegué a una conclusión: no me sentía culpable en absoluto de haberme acostado con él. No, no me sentía culpable. Él había dicho una cosa: tarde o temprano íbamos a acabar en la cama. Él había materializado en palabras aquella afirmación, yo la había materializado en más de una ocasión en mi mente. Sobre todo en el último mes en el que veía que Pepe y yo habíamos perdido ese feeling que tanto nos había unido antes. Y no es que estuviese siendo frívola o traicionando de pensamiento a Pepe, es que soy humana. La forma en que pasó no me satisfacía en absoluto, pero lo hecho, hecho estaba. Sabía que tendría que enfrentarme a ello en los próximos días, de hecho, el mismo lunes vería de nuevo al cuerpo del delito en mi trabajo, y tras ese lunes, vendrían el martes, el miércoles… toda una semana en la que tendría que poner orden. Pero no me iba a agobiar por eso ahora. Ahora, ahora… eché la cabeza hacia atrás y no solo vinieron a mí los recuerdos de cómo llegué a la cama con Alberto, sino de todo lo que pasó en ella. Me gustó. Me gustó rememorar la forma en que me trató, en que me quitó lentamente las medias y la falda, lentitud que podría explicarse por el amodorramiento del alcohol y los porros que llevábamos encima. Yo le desabroché el pantalón y mientras se lo quitaba, nos tumbamos en mi colchón, estrenándolo. No pude sino sentir una punzada de pena: quería haberlo estrenado con Pepe, había hablado de ello miles de veces con él cuando le contaba mis desventuras en casa de mis anfitriones y en su cama de noventa de la que me había caído en más de una ocasión. Me gustó y disfruté. Alberto sabía lo que hacía y yo también y no había más que hablar. Habíamos sido dos adultos solteros que se atraían y que habían materializado esa atracción. Punto. ¿Punto?

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

Es Carmen!

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5 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: V. Reflexionando que es gerundio (1)

  1. INMA dice:

    Ni se me ha pasado por la mente que el hecho del ser padre/madre fuese el motivo por el cual Pepe y Carmen no están juntos. La verdad que a Carmen se le estaba antojando ser mamá.
    Bueno, igual le pica el gusano ahora de Alberto, puede ser???

    Le gusta a 1 persona

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