Carmen, mi suerte está echada: V. Reflexionando que es gerundio (2)

V.2

Alberto me dijo que le gustaba “una barbaridad” a la semana de trabajar juntos. Fue un viernes por la noche, momento en que suelen pasar estas cosas y se suelen tener este tipo de conversaciones. No es que tuviera muchas ganas de salir de marcha con mi jefe y con diez compañeros de trabajo más, lo único que me apetecía era largarme a casa de Pepe que no tenía a Cecilia ese fin de semana y con el que podría hacer vida de pareja durante dos largos días. Pero a instancias de él mismo, me quedé para congeniar e integrarme en un grupo que tendría que hacer mío si no quería convertirme en una marginada social en mi propio trabajo.

Como todavía no habíamos tomado muchas copas, no creo que con un par a un hombre como Alberto se le soltara la lengua de ese modo, no pude más que darle una credibilidad del cien por cien a aquella aserción que me colocaba en una posición incómoda allí mismo en ese mismo instante y luego, en mi mesa de almacén antiguo en la oficina. La incomodidad se multiplicaría por diez cuando, a los pocos instantes de soltarme una frase tan elocuente que no dejaba lugar a dudas de lo que quería decir, se dejó caer por allí su novia Ana, una chica alta como él, de piernas interminables y maquillaje perfecto a pesar de “llevar trabajando desde las siete de la mañana, primero en el bufete y luego en los juzgados”. Otro que se había dejado cautivar por mi cuerpo lleno de curvas peligrosas, después de probar las mieles de la estética actual que lleva a la mujer a una talla 36 de forma brutal y sin contemplaciones.

Ya me había dado cuenta de sus miradas, tema que copó conversaciones completas por teléfono con Gloria y que la ayudó a seguir montando su “teoría de las miradas” mientras paseaba su embarazo con orgullo por todas las fiestas nocturnas que seguía organizando. Incluso me dijo que había puesto de moda un movimiento antialcohol basado en cócteles abstemios y zumos exóticos y afrodisíacos que cada vez tenía más seguidores. Con el lema “Mucho alcohol, poco sexo” supo llevar a su terreno a mucha de la gente con la que compartía sala de fiesta y así pudo soportar mejor su obligación de no beber. Aunque a mí, en secreto, me decía que se moría por un gin-tónic bien cargado con su rodajita de limón y “todas las cositas esas que últimamente le echan los barman”.

– Yo beberé por ti.

– No te preocupes, eso solo me da más envidia, así que ni lo digas.

– Pero para aguantar esas miradas que me echa Alberto cada vez que entra en la oficina, voy a tener que llegar borracha.

– No digas tonterías, ¿cómo son las miradas de Pepe?

– Mejores. – Y me reía con una carcajada que solo la produce la seguridad y la comodidad de una relación que sorprendentemente iba tan bien y en la que me sentía tan a gusto.

Una relación que dejaba en pañales a la que mantuve con Ramón.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio (1)

Es Carmen!

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4 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: V. Reflexionando que es gerundio (2)

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