Carmen, mi suerte está echada: V. Reflexionando que es gerundio (3)

V.3

¿Desde cuándo se supone que una es adulta? Yo creía que era adulta desde el mismo momento en que puse un pie fuera de casa de mis padres para independizarme, con ese primer trabajo estable que luego fue mi cárcel durante tantos años. Quizá el carné de adulto tenía varias partes y yo poseía algunas pero no todas. Desde luego en materia de relaciones, no.

Y es que viendo lo que yo tenía con Pepe, ¿podía distar tanto de todas mis relaciones anteriores?  Ramón y yo vivimos como un segundo resurgir universitario, ahora incluso lo ponía en paralelo con ese primer noviete, Toni-Antonio, que tuve en la universidad. Todo tan a salto de mata, todo tan veinteañero. Con Pepe me sentía mujer y creo que esa sensación, que me la daba él y solo él, no la había sentido tan plenamente con nadie. Hasta que discutí con Cecilia aquel fatídico sábado por la tarde y me sentí más infantil que nunca:

– Porque supongo que a tu edad, no querrás quedarte sin tener hijos, ¿no? – La niña sabía dónde tenía que pinchar para hacer sangre, pero no una pequeña herida, sino una hemorragia de la buena.

– Bueno…

– Bueno no. Vamos, es lo que me dice mi madre, que a tu edad y sin hijos es que o lo tienes muy claro o es lo que ocupa tu mente en estos momentos.

– ¿Tu madre? ¿Tu madre y tú habláis de mí?

– Claro, hablamos de la novia de mi padre, cómo no.

– Bueno…

– ¿Entonces?

– ¿Entonces qué?

– ¿Piensas en hijos? ¿Voy a tener algún hermano del que podría ser su madre adolescente?

– Eh…

– Entonces es que sí. – Y se repanchingó en el sofá con una sonrisa socarrona.

– A ver, que es algo que no descarto, claro que el reloj biológico es algo que hasta que no lo sientes no crees que exista.

– Y a ti se te ha activado.

– Aquí traigo los cafés. – Pepe entró con cara desencajada en el salón y con una bandeja en las manos, como si ambas cosas fueran solo un complemento de su persona. Se sentó junto a Cecilia y no fue capaz de mantener una conversación decente en toda la tarde.

Cuando su hija por fin se fue de farra con los amigos avisando de que dormiría fuera y que no nos preocupáramos – a ver, yo no lo iba a hacer y encima me iba a dejar vía libre para quedarme a dormir en aquel piso de ensueño que Pepe tenía cerca de su restaurante –, él se levantó a cerrar la puerta y luego se plantó delante de mí y me dijo un “Creo que tenemos que hablar” con un tono de voz que me quitó de un plumazo todas las esperanzas de una noche feliz.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio

Es Carmen!

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4 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: V. Reflexionando que es gerundio (3)

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