Carmen, mi suerte está echada: X. Déjà vu (O la noche esotérica 2) (1)

X.1

Allí estaban las tres. Era un cuadro que me causaba mucha ternura. No por Eleonora, ella se veía una mujer de mundo a la que pocas cosas podían sorprenderla ya. Flanqueando a Toñi madre, su porte me mostraba a una mujer segura de sí misma, con una edad indeterminada – aunque yo sí que la conocía – y que guardaba una sabiduría interior y un atractivo que pensé que yo nunca llegaría a tener. Digamos que Eleonora era como un espejo en el que me gustaba mirarme desde que la conocí. Y mucho más aún desde que conocí su historia. Aunque yo en ese momento, poco me podía quejar de historias interesantes que contar.

Toñi madre estaba en medio sentada sobre su bolsa. Una bolsa de un estampado extraño que incluso desde lejos se veía vieja. Lo miraba todo expectante y se quedaba con indiscreción observando a la gente que pasaba por su lado. Era como si nunca hubiera salido del pueblo, aunque yo sabía muy bien que sí que había salido.  Su hija leía con verdadera devoción, se le notaba en la concentración que tenía, una publicidad que cogía con cuidado entre sus manos. Las tres levantaron la vista antes de que yo llegara a su altura, seguramente el repiqueteo de mis tacones les llamó la atención.

– ¡Carmen! – Toñi madre se levantó con entusiasmo de su bolsa y me dio un abrazo que me sorprendió y agradó a partes iguales. – Bueno, querida mía, estás guapísima. Esa falda, esa falda… Madre mía, quién tuviera treinta años menos.

– Yo también me alegro de verte, Toñi, tú también estás…

– Yo estoy más mayor, así que no me vayas a echar mentiras aunque sean piadosas.

– ¡Eleonora!

– Carmen, qué bien te veo.

– ¡Carmen! – Toñi hija guardó el folleto en su bolso y vino hacia mí con una sonrisa amplia.

– Toñi, no te hacía yo aquí tan fácilmente.

– Mi ex se ha quedado con los niños, no podía negarse, tú sabes. – Creo que a estas alturas de nuestra amistad, si había dicho alguna vez el nombre de su exmarido, a mí se me había olvidado. No recordaba habérselo oído ni en una sola ocasión y si así había sido, lo había hecho tan de pasada que me imaginaba a su ex como un ente sin cuerpo ni forma.

– Pues vámonos entonces.

Y cogimos las bolsas y nos fuimos a coger un taxi. Mi apartamento se llenaría en breve del cotorreo vital de ese grupo de mujeres tan heterogéneo que había sido transcendental en mi recuperación emocional el verano anterior. Parecía mentira que dentro de unos pocos meses se fuera a cumplir un año de mi llegada al pueblo, donde recalé como un alma en pena que necesitaba escapar de su vida. Al final, me quedé con mi vida pero remozada. Cogí de cada una de ellas lo que me ofrecían sin ningún tipo de reserva. Creo que en la vida me encontré más generosidad junta como en ese verano en el que volví a ser Carmen.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio

VI. Vacíos y llenos

VII. Instalando sensaciones, emociones y estados de ánimo

VIII. El proyecto Carmencita

IX. Encuentros en la tercera fase

Es Carmen!

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5 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: X. Déjà vu (O la noche esotérica 2) (1)

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