Carmen, mi suerte está echada: X. Déjà vu (O la noche esotérica 2) (2)

X.2

– Pues me parece un apartamento de lo más coqueto.

– Toñi, querrás decir, enano.

– No, no, coqueto: es pequeño, sí, pero ¿para qué lo quieres más grande? Eso es más limpiar, hazme caso a mí.

– Mamá, tú siempre tan práctica.

– ¿Y a ti de qué te ha servido ser tan soñadora? – Había aprendido a pasar por alto los comentarios que a veces le lanzaba la madre a la hija. Pero muy dentro de mí deseaba que Toñi junior se rebelara en alguna ocasión y le contestara a su madre. Cuando llegara ese momento, me gustaría estar ahí y me sentiría muy orgullosa de ella.

Todas estábamos abarcando el sofá y uno de los sillones que decidí dejar del mobiliario anterior a mi visita a Ikea. Era Eleonora la que, sentada en ese sillón y con un millón de cojines que hicieran más cómoda su estancia en él, permanecía callada y mirando por la ventana. Se la veía tranquila y feliz. Sabía que no había vuelto a su casa, se había quedado a vivir en el pueblo con Román y Toñi hija me había escrito un amplio e-mail en el que, entre otras cosas, me contaba sobre Eleonora y su lucha contra las habladurías del pueblo, un pueblo que podía ser muy duro, sobre todo en un invierno en el que las puertas cerradas eran menos propicias a la hora de dar a luz nuevos chismorreos que agotar hasta la extenuación. Por lo visto mi ruptura con Pepe también era vox pópuli por aquellas calles empedradas y encaladas. Corrían rumores de todo tipo, el más sorprendente fue el que me colocaba como una adúltera que, nada más llegar a Madrid, le puso los cuernos al soltero de oro patrio. Toñi madre se encargó de quitar de en medio esa versión y, contra todo pronóstico, no detalló los pormenores reales de nuestra separación. Así que la gente seguía hablando sin saber y a mí dándome igual lo que se dijera de mí, de nosotros, en aquel lugar al que seguramente volvería a relajarme el próximo verano.

– Tu madre estuvo aquí la semana pasada, ¿no? – Era Eleonora la que, después de una pausa de varios minutos, se volvía hacia mí y me preguntaba con su calma habitual.

­- Ajá, llegaron el viernes y se fueron el domingo. Pudimos estar con mi hermana el último día, pero muy poco tiempo. Creo… creo que mi relación con ella ha mejorado. – Era verdad, desde que había decidido darle ese vuelco a mi vida, había dado también un cambio en la imagen que mi hermana tenía de mí. Me veía más mayor, como lo que era; y más decidida, como también lo era.

– Me alegro mucho. Yo también te veo diferente. – Y arrugó la nariz y los ojos. Y las tres se echaron a reír. – Venga, Carmen, dínoslo, ¿cómo se llama ese nuevo hombre que se mueve por estos pasillos.

– ¿Cómo?

– Vamos, no te hagas de rogar porque si todas nos vamos a poner en la palestra, tú también. Ese rubor con el que viniste esta mañana, a no ser que hayas vuelto con Pepe y lo dudo, no es artificial, solo se consigue de un modo. – Era increíble que no pudiera esconderle nada a aquellas mujeres, de verdad que esos pocos meses en el pueblo habían servido para que me conocieran mejor que yo misma.

– Bueno, a ver, es Alberto.

– ¡Tu jefe! – Toñi hija dio un respingo en el sofá, como un resorte, y las otras dos me miraban con los ojos como platos.

– Sabes que siempre te he apoyado en todo, Carmen, pero tu jefe… – Eleonora se movía con indecisión en su sillón incómodo, incómoda.

– Ya, ya sé lo que me vais a decir, pero surgió así sin más. No pude evitarlo. Y para qué voy a mentiros llegadas a este punto, tampoco quise hacerlo. Esta noche también la he pasado con él y vengo directamente de su casa.

– ¿También? – Ya me estaba asustando porque la cara de sorpresa de Toñi junior no bajaba ni un ápice su nivel de tensión. Le podía dar algo.

– También, llevamos viéndonos más de una semana de forma ininterrumpida.

– Por eso te he visto así de guapa esta mañana, no hay nada como estar bien fo…

– ¡Mamá!

– ¡Ay, hija, deja de ser tan tiquismiquis por una vez en la vida! Pues eso, que tienes el cutis más terso, Carmen, es ideal. No hay nada…

– ¡Mamá!

– ¡No hay nada como los remedios naturales para mantener la piel en su punto exacto! ¿Te vale? – Y Toñi madre miró a su hija con desdén.

– A ver, que no sé dónde me va a llevar esto, pero que de momento estoy muy bien. Ninguno de los dos tenemos compromisos, nos lo pasamos bien juntos… en todos los sentidos. – Y una sonrisa conjunta cundió entre todas como si estuviésemos haciendo la ola en un partido de fútbol. – Y no ha afectado a nuestro trabajo en común, así que todos contentos. Además, ¡además! Os recuerdo que fui ascendida antes de que nos acostásemos y sin previsiones de hacerlo, o sea que habladurías, las justas.

– Muy bien, Carmen, pero ten cuidado, ¿vale?

– No os preocupéis. Él sabe lo que hay, conoce toda la historia con Pepe, mi ruptura con él y cómo fueron las cosas.

– ¿Entonces acepta que estés enamorada todavía de Pepe? – Las preguntas de Eleonora iban directamente al centro de la diana con una puntería que daba susto.

– Sí, se podría decir que sí. – Y recordé lo que pasó la noche anterior en la Plaza Mayor. Nunca habría creído que Alberto fuera de ese tipo de hombres que aguantaran situaciones de confusión sentimental femenina y parecía que lo estaba siendo conmigo. Me sentía halagada y con algo de pánico, para qué negarlo. No me podía creer, ahora que lo contaba de esa forma, que lo analizaba tras la pregunta fundamental de Eleonora, correr la suerte que finalmente estaba corriendo. Volvía a tener otro hombre, HOMBRE, entre mis pensamientos, mis brazos (madre mía, y entre mis piernas) que se entregaba a mí sin medias tintas y sin tiras y aflojas ni dramas. ¿De verdad era cierto eso de que ninguno de los dos teníamos compromisos? ¿Y si él sí los quería? Aparté ese pensamiento de mi cabeza, no era el momento de entrar en pormenores con tres mujeres ávidas de historias románticas y eróticas, porque lo mío era un poquito más real que un libro de ese género. Así que atajé la conversación. – Ahora, mis niñas, si queremos llegar a tiempo a “El Rey León”, creo que es momento de levantarnos e ir a almorzar, tenemos entradas para las seis.

– ¿Para las seis? Que temprano, ¿no? – Toñi hija parecía querer salir por la noche, pero yo tenía otros planes más esotéricos.

– Os tengo preparada una sorpresa para esta noche. Será en casa. Pero no vamos a tener que preparar la cena, se pide y ya está.

– ¿Una sorpresa aquí en el apartamento? ¿Un boy?

– ¡Mamá!

– ¿Qué, hija, qué? Esta niña no tiene sentido del humor.

– No es un boy, Toñi, es mejor.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio

VI. Vacíos y llenos

VII. Instalando sensaciones, emociones y estados de ánimo

VIII. El proyecto Carmencita

IX. Encuentros en la tercera fase

X. Déjà vu (O la noche esotérica 2)

Es Carmen!

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8 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: X. Déjà vu (O la noche esotérica 2) (2)

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