Carmen, mi suerte está echada: X. Déjà vu (O la noche esotérica 2) (y 5)

X.5

Mi vida no tiene secretos. Nunca los ha tenido. He sido un libro abierto para Gloria – cómo no –, para mi hermana – que no siempre ha sido muy comprensiva conmigo –, para mi madre y para mi abuela – las cuales no se han cortado a la hora de opinar sobre cualquier aspecto de ella, ya fuera bueno o malo. Lo único positivo de vivir tan lejos de casa en estos momentos es que por teléfono era más complicado descubrir que, al poco tiempo de dejar al que parecía ser el hombre de mi vida… un momento, al HOMBRE de mi vida, me había liado con mi jefe. Sonar sonaba fatal, en la práctica la que lo estaba disfrutando era yo y no tenía que ver con nadie. Sin embargo, mi mente no podía dejar de reproducir la mirada reprobadora de mi madre junto con la mirada ansiosa de mi abuela, que a cambio de una Carmencita bien podría liarme con todo un equipo de fútbol. La supervivencia de las tradiciones es lo que tiene, que hacen convertirte en una persona más laxa en lo que a principios y conservadurismo se refiere.

Gloria, de todas formas, iba a echarme las cartas desde el conocimiento. Ella sabía que yo estaba con Alberto, de hecho y contra todo pronóstico, me había reprendido por ello, así que no esperaba piedad en su tirada. Se puede pensar que las cartas no tienen que ver con la persona que las echa, sino más bien con la persona a la que se la echan, pero yo no las tenía todas conmigo y la sonrisa que Gloria me devolvió a miles de kilómetros de distancia me hizo temerme lo peor. ¿En qué se iba a convertir aquello? ¿Me iba a leer la cartilla delante de todas? ¿Tendría que aguantar el chaparrón callada o se me permitía respingar? Con ella nunca sabía comportarme.

– A ver, no tengas miedo, Carmen, que sé en qué estás pensando.

– Sí, venga. – Trataba de sonar y parecer despreocupada. Nada más lejos de la realidad.

– Sabes que yo, esto de las cartas, me lo tomo muy en serio. No lo voy a usar contra ti. – Y mientras me decía esto con el tono más suave que yo jamás le había escuchado, barajaba el mazo con profesionalidad.

– Sigues sorprendiéndome, ¿cómo puedes saber lo que estoy pensando?

– Te he dicho miles de veces que te conozco como si te hubiera parido, y ahora que sé lo que es parir te lo vuelvo a decir. Ni tu madre te conoce como lo hago yo.

– Ya veo, ya. Anda, empieza. – Con comentarios como aquel, Gloria era capaz de asustarme porque me hacía vérmelas con una bruja de verdad.

– Estás en una disyuntiva.

– ¿No me digas?

– ¡No seas descreída! – Y la podía ver en mi mente pasando las manos sobre una bola de cristal y una escoba de esas antiguas, de paja, al fondo de la habitación, apoyada en el rincón. – La disyuntiva es real, mira, aparece en estas cartas. – Y señaló hacia abajo, poniendo su largo dedo índice de largas uñas (las cuales no entendía cómo podía conservar teniendo que cuidar de un bebé tan pequeño) sobre una carta que no tenía ni idea de lo que podía significar. – No es que yo sepa de tu vida, es que las cartas no mienten.

– Venga, sigue, no me seas teatrera.

– Esa no es la actitud. Estás en una disyuntiva… ¿Saben ellas lo de tu disyuntiva? – Asentí con la cabeza. – Bien, pues está claro que la disyuntiva es Pepe o Alberto.

– Está claro que no. No hay disyuntiva que valga: he roto con Pepe y ahora estoy con Alberto.

– Eso no te lo crees ni tú. En las cartas, aquí y aquí, se ve perfectamente cómo intentas engañarte, no has olvidado a Pepe. Y sinceramente, Carmen, no creo que lo hagas.

– Eso último ya es de tu cosecha.

– Efectivamente. Pero volvamos a las cartas. Las cosas te van muy bien en lo profesional, enhorabuena, y te digo que te van a ir mejor.

– Lo sabía, tenía que haber dejado mi trabajo mucho antes para dar el salto a Madrid.

– Sí, lo has dado veinte años tarde, pero ese no es el tema ahora. El tema es que te pronostico una mejora importante, vas a tener responsabilidades.

– Mmm, eso suena bien, suena a subida de sueldo.

– Esto no lo dicen las cartas, pero veo muchos bolsos de piel piel y de marca en tu vestidor. Y zapatos, muchos zapatos.

– Qué me gusta lo que estoy oyendo.

– A mí también, porque como siga así me vas a tener que subvencionar. Para tu tranquilidad, no veo rivalidades ni conflictos en ese aspecto, vas a ascender de forma limpia. Ay, chica, es que tú vales mucho. – Tengo que reconocer que aquello que me decía me hacía muy feliz, no es que viera mi vestidor-cuchitril lleno de bolsos y me invadiera la satisfacción, que también, es que por fin me gustaba lo que hacía y encima, tenía perspectiva de seguir haciéndolo y mejorar.

– Pero ¿y Alberto? – Eleonora preguntaba desde su sillón raído con un cigarro en la mano. No fumaba normalmente, solo en las ocasiones estresantes, y aquella parecía ser una de ella.

– Las cartas hablan de un puente amoroso, de un camino de peregrinación…

– ¡Bendita peregrinación esa! – Toñi madre dixit.

– Es como que tienes que vivir eso para darte cuenta de la verdad.

– Veo que cuando a las cartas les conviene ser concretas, lo son y mucho, ¿verdad? ¿O la que concreta aquí eres tú?

– Y se ve que, aunque lo pasas muy bien, en tu interior sabes que no. – Gloria hacía como que no me escuchaba y seguía con su papel de adivina de la tele. – Alberto es la autopista, no es el definitivo.

– Y Pepe sí.

– Pepe sí.

– Pero ya sabes por qué rompí con Pepe.

– Pero eso no tiene por qué ser definitivo. Hay que luchar por lo que una quiere y tú quieres a Pepe.

– Y quiero ser madre.

– Y quieres que el padre sea Pepe no otro hombre.

– ¿Y qué hago? ¿Le engaño? ¿Le digo que me he tomado la pastilla cuando no sea cierto? ¿Cojo un alfiler y pincho los condones?

– ¡No, Carmen! Habla con él, haz una relación lo suficientemente sólida como para que él se plantee volver a ser padre contigo.

– ¿Y quién me lo dice? ¿La pitonisa que está leyendo todo eso en las cartas o la mujer que se ha quedado embarazada de penalti y está viviendo una no relación con el padre de su hijo?

Y la conexión de Skype se apagó en ese momento. No había que ser adivina para saber que no había sido un fallo del wifi.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio

VI. Vacíos y llenos

VII. Instalando sensaciones, emociones y estados de ánimo

VIII. El proyecto Carmencita

IX. Encuentros en la tercera fase

X. Déjà vu (O la noche esotérica 2)

Es Carmen!

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6 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: X. Déjà vu (O la noche esotérica 2) (y 5)

  1. Coincido con Mandi. Se ha pasado un poco. Aunque tengo que reconocer que no me ha gustado mucho la predicción. Bueno, lo de los bolsos buenos sí, que eso siempre son buenas noticias, jajajaja. Pero lo de que tiene que volver con Pepe… es que ya sabes que yo soy muy fan de Alberto. Jajajaja. Besotes!!!

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