Carmen, mi suerte está echada: XIV. De verdad, ¿eng?

XIV.1

Que el telefonillo sonara a esas horas era raro, pero lo era aún más que sonara. ¿Quién podía venir a verme? Mis amigos habían hecho el intento de pasarse por mi apartamento en varias ocasiones, pero en todas y cada una de ellas uno de los críos había desarrollado un resfriado exprés, una bronquitis o un sarpullido galopante que les había impedido acercarse. No esperaba a nadie, nadie de la oficina que pudiera dejarse caer un miércoles por la tarde noche, nadie que yo conociera. Consideré seriamente no levantarme, dejar que sonaran los demás telefonillos del edificio y que fueran otros vecinos los que se tomaran la molestia de abandonar su sofá para abrir al vendedor de enciclopedias (¿seguían existiendo?), al representante del Círculo de Lectores o a quien demonios fuese. Entonces por mi mente pasó una circunstancia que me puso en tensión y subió mi estómago hasta la garganta: podía ser Pepe.

El miércoles era el día en que cerraba su restaurante. Casi todos los miércoles cenábamos juntos. Fue un miércoles cuando me presentó formalmente a su hija y también fue un miércoles cuando rompimos. Un miércoles conocí su restaurante (ya lo contaré porque no tiene desperdicio) y un miércoles me llevó a su casa por primera vez. El miércoles se había convertido en mi día, de eso no cabía duda. En milésimas de segundo se produjo un seísmo en mi interior. Mi cabeza quería poner orden y sentido común: Pepe no había respondido a mis llamadas, en nuestro último encuentro en la Plaza Mayor se había mostrado amigable pero frío a pesar de las miradas asesinas que le regalaba a Alberto. No podía ser él, tenía que ser el vendedor de enciclopedias. Con el segundo timbrazo me empezaron a temblar las piernas, me había paralizado por completo. Mi cabeza ya barajaba dejar a Alberto si era la voz de Pepe la que me pedía que abriera desde la calle. Nunca había servido para hacerme la dura, yo siempre había sido de las que le gustaban las cosas claras. ¿Quería a Pepe? Sí, pues adelante. Esto podría dejarme en muy mal lugar con respecto a Alberto, pero él sabía lo que había conmigo y había aceptado darme tiempo sin estar alejado de mí. Nunca mentí.

No hubo una tercera llamada. La adrenalina comenzó a bajar vertiginosamente, como si se lanzara por un tobogán a kilómetros de altura. Sufrí un pequeño mareo al deshacerse de repente toda aquella realidad que mi imaginación había creado en un pispás. Volví a Alberto, volví a ver Pepe lejos de mí, volví a mi existencia madura e independiente en Madrid, hasta que lo que sonó fue el timbre de mi puerta.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio

VI. Vacíos y llenos

VII. Instalando sensaciones, emociones y estados de ánimo

VIII. El proyecto Carmencita

IX. Encuentros en la tercera fase

X. Déjà vu (O la noche esotérica 2)

XI. Un recuerdo, una nostalgia, un dolor

XII. Puntos, comas e inflexiones

XIII. El hotel

Es Carmen!

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7 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: XIV. De verdad, ¿eng?

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