Carmen, mi suerte está echada: XIV. De verdad, ¿eng? (2)

XIV.2

“De verdad, ¿eng?”. Así me dijo hola Gloria cuando le abrí la puerta de casa. Tardé como un siglo en llegar a ella porque mi estado interior era literalmente una montaña rusa, mi estómago se había unido a todos los demás órganos de mi cuerpo para formar una masa informe de fluidos corporales, machacados, batidos y  mezclados. Quiero dejar bien clara esa imagen porque así es como me sentía. Literalmente, repito. En el camino hacia la puerta, que no puede llevar más de tres segundos en circunstancias normales, me monté una realidad paralela en la que me veía obligada a cambiar de trabajo porque iba a ser muy violento volver a la productora y ver todos los días a Alberto. No me importaba, después del salto a Madrid, me veía capaz de cualquier cosa. Esos tres segundos me parecieron horas. O es que realmente tardé demasiado en recorrerlos porque cuando abrí la puerta:

– De verdad, ¿eng? ¿Tan grande es el piso que no te ha dado lugar a abrirme abajo y ahora tardas un milenio en abrirme la puerta? Menos mal que un vecino me dejó pasar porque si no, me hubiera puesto chorreando. – Gloria entraba con su maleta de ruedas último modelo haciéndome a un lado y sacudiéndose el agua de la gabardina de entretiempo que tan acertadamente llevaba puesta. Fuera diluviaba gracias a una de esas tormentas primaverales que tan inoportunas eran en los días que ya empezabas a llevar sandalias. La vi pasar delante de mí como un espectro. Todavía me preguntaba si aquello era un sueño cuando me sorprendió un grito en plena cara. – ¡Carmen! Por Dios santo, ¿qué te pasa?

– Nada, nada, ¡Gloria! Pero ¿qué haces aquí? – No hablaba con ella desde la discusión de la segunda noche esotérica en la que me colgó la comunicación vía Skype de forma tan violenta.

– Si no venía, reventaba. Ya estaba harta de intentar hablar contigo y estar en tu vida a tantos kilómetros de distancia.

– ¿Y Roberto?

– Con su padre, que lo sabe cuidar mejor que yo, de eso estoy segura. Pero no tiene estas dos tetas para que el nene se duerma en blandito, así que me sigue prefiriendo a mí. Lo dicho, con su padre.

– No te esperaba.

– Esa era la idea, cogerte por sorpresa. Y un miércoles, ¿eh? Tu día, lo sé. Te podría decir que lo he hecho a propósito pero no, era el único día con billetes de AVE y como estoy de baja maternal, no importaba si venía en fin de semana. Bueno, solo que Roberto se ha tenido que coger unos días en el trabajo, pero yo he hecho más sacrificios que él, así que no me ha podido decir que no. – Yo asistía a todo ese monólogo con la boca abierta y sin saber muy bien cómo actuar. Tengo que reconocer que Gloria tenía ese poder sobre mí: me sorprendía con apariciones estelares, como si mi vida fuera una serie y ella le diese ese momento álgido del que se habla en rumores en las redes sociales y le dan al capítulo en cuestión más audiencia que al resto. Qué le vamos a hacer, sentía que Gloria era la que le daba audiencia a mi vida. Aunque últimamente yo solita estaba consiguiendo conferirle algo más de emoción. – Y ahora, si no te importa, necesito una ducha.

– Sí, claro, por aquí.

– Gracias, amiga. – Me dio un beso y desapareció por el pasillo. Al poco escuché encenderse el termo y yo caí en una profunda embriaguez de amistad que me llevó a soltar alguna lágrima de agradecimiento silencioso que no pensaba, de ningún modo, hacérselo saber a ella.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio

VI. Vacíos y llenos

VII. Instalando sensaciones, emociones y estados de ánimo

VIII. El proyecto Carmencita

IX. Encuentros en la tercera fase

X. Déjà vu (O la noche esotérica 2)

XI. Un recuerdo, una nostalgia, un dolor

XII. Puntos, comas e inflexiones

XIII. El hotel

XIV. De verdad, ¿eng?

Es Carmen!

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