Carmen, mi suerte está echada: XVI. El plan de Gloria (1)

XVI. 1

Gloria traía consigo un objetivo y un plan y no me ocultó ninguno de los dos desde el principio. Debo confesar que la exposición de su teoría fue excelente, no en vano, llevaba poniendo en pie teorías desde su más tierna infancia, desde aquella primera máxima que decía que no nos podíamos fiar de las niñas a las que no les gustaba llevar el pelo largo; y todo un viaje en tren podía dar para escoger las mejores palabras. Comenzó así:

“A ver, Carmen, todo lo que te voy a decir parte de la premisa de que Pepe, y lo creo firmemente, es el hombre de tu vida. Mal que me pese, porque ya lo querría yo para mí y para mi cama de vez en cuando”.

Yo miraba a Gloria a través de un vaso de tubo lleno de nuestra bebida preferida: un gin-tónic. Ella por fin había vuelto a disfrutarlo e hizo un papel estupendo preparando el terreno como si aquello fuera una charla de autoayuda en una librería: mesa con mantel, botella, cubitera… todo tan extraño un miércoles por la tarde. Y es que, a decir verdad, yo le auguraba a Gloria un futuro bastante prometedor como motivadora personal y coaching. Sería perfecta para fabricar vidas a medida, mejor que las que pudieran fabricarse los propios interesados.

“A Ramón lo apreciaba, pero siempre te dije, siempre, que tú me parecías mucha mujer para él. Y fíjate si llevaba razón. – Le clavé los ojos, así, como si hubiera lanzado mis globos oculares con un arco y se los hubiera colado en la garganta para que se callara. – No me mires así, es una broma y no, no hace falta que me digas que lo entiendes, lo sé.

Nunca pensé que te tuviera que pasar algo tan espantoso para que encontraras al verdadero hombre de tu vida, pero la vida te sorprende y te lleva por caminos insospechados. – Llegados a este punto, me estaban dando arcadas. Imaginarias, claro. Lo único que quería era que Gloria se callase como por ensalmo o, en su defecto, terminase de una vez su diatriba sin sentido para poder irme a la cama, yo tenía que madrugar. Debió de notar mi tedio porque levantó una mano, hizo un gesto hollywoodense y me espetó: – Has prometido escucharme hasta el final, sin interrupciones.

¿Sabes por qué creo que Pepe es tu hombre? Porque os veo. Al principio lo consideraba una vía para que olvidaras a Ramón, luego tuvo entidad por sí mismo. Nunca te he visto mejor y, ojo, más realizada como miembro de una pareja que estando con Pepe. Sé que te dije que a lo mejor os hacía falta un descanso, demasiado intenso todo, necesitabas una autopista y toda esa chorrada, pero ¿para qué? ¿Para qué vas a estar separada del hombre, el HOMBRE, Carmen, el HOMBRE, con mayúsculas? Por el amor de Dios”.

– Yo sabía que esto iba a pasar, ¿qué ocurre si el hombre al que quieres y tus intereses vitales no casan? ¿A quién vas a seguir?

– Carmen, conozco tu deseo de ser madre. ¡Pero si lo que me ha pasado a mí ha sido una injusticia! La madre de esta amistad deberías haber sido tú, pero ¿vas a tener a tu hijo sin Pepe? ¿De verdad me estás diciendo eso?

– Pepe no quiere hijos, te lo dije en su momento y te lo repito ahora.

– Pues este es mi plan, Carmen, sigue probando en tu relación con Alberto, otro tiarrón, chica, vaya cómo te los buscas. Sigue con él y plantéate una vida completa con él, con todos los perejiles: matrimonio, casa, fiestas, vacaciones… hijos. Da todos los pasos que tengas que dar con él, a ver si de aquí a un par de meses, sigues pensando como ahora.

– ¿Y cómo pienso ahora? – Me gustaba poner a prueba a Gloria en este tipo de cosas, aunque al final siempre era yo la sorprendida porque acertaba prácticamente en el cien por cien de los casos.

– Piensas que lo de Pepe está acabado.

– Es que lo está.

– Eso es lo que tú piensas, no lo que será.

– Ahora vas de adivina.

– Soy adivina, no lo olvides, provengo…

– De una larga estirpe de brujas.

– Brujas no, adivinas, aunque algo de bruja sí que tengo, sí. Lo dicho, y no me interrumpas más, piensa en todo eso, continúa con tu affaire con Alberto.

– Creo que eso se está convirtiendo en algo más que en un affaire, muy a mi pesar.

– ¿Tampoco estás contenta con Alberto? No hay quien te entienda, chica, mejor que vayas a un banco de esperma a quedarte embarazada porque no hay quien cuadre contigo.

– A ver Gloria, es que eres tú la equivocada, ¿no lo ves?

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio

VI. Vacíos y llenos

VII. Instalando sensaciones, emociones y estados de ánimo

VIII. El proyecto Carmencita

IX. Encuentros en la tercera fase

X. Déjà vu (O la noche esotérica 2)

XI. Un recuerdo, una nostalgia, un dolor

XII. Puntos, comas e inflexiones

XIII. El hotel

XV. En un parque cualquiera

Es Carmen!

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5 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: XVI. El plan de Gloria (1)

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