Carmen, mi suerte está echada: XVIII. Un par de cosas (3)

XVIII. 3

Efectivamente Gloria se relamió del gusto cuando llegué al Vips donde habíamos quedado para almorzar, una cosita rápida que tenía que volver al trabajo, y le conté los planes para esa noche. Iba a ser un verdadero “juernes” para nosotras, en especial para ella que llevaba sin salir de su claustro maternal desde hacía unos meses. Se dedicó a saborear su ensalada César – “Sabe Dios cuándo podré probarla de nuevo” – y a mirarme con ojos de bobalicona.

– Ya has puesto en marcha la maquinaria, ¿eh?

– ¿Cómo lo sabes? – Yo también tenía por delante una ensalada César, pero yo la engullía intentando que no se me quedara nada en el plato antes de irme. Y que me diera tiempo a pedir y comer una tarta tres chocolates de postre.

– Me lo vas a presentar esta noche, aunque sé bastante de él ya, y para colmo me llevas a su casa.

– Eso lo ha propuesto él.

– Más a mi favor. Muy bien. – Su felicidad era confusa. A ver, me explico, estaba feliz porque iba a conocer a Alberto, otro HOMBRE diez que le gustaba en lo físico y en lo químico, digamos. Pero también porque estaba siguiendo su plan: tirarme sin red a esa relación cuando ella lo que quería realmente era que volviera con Pepe.

– No te entiendo.

– Oh, sí, me entiendes estupendamente. Mira, yo voy a estar contenta por ti de todas las maneras, amore. Si lo apuestas todo a esta relación y te sale bien, tú te enamoras hasta las trancas, que lo dudo, y él quiere matrimonio y niños y toda la parafernalia, vas a ser feliz, ¿verdad? – Asentí. Y continuó. – Sin embargo, si lo apuestas todo a esta relación y no te sale, vamos, que te das cuenta de que no tiene futuro porque no es el hombre de tu vida y concluyes, por fin, que el hombre de tu vida es Pepe, no serás feliz del todo pero yo tendré razón.

– Y aunque yo caiga en una depresión, estarás contenta porque llevas razón.

– Porque llevo razón y porque volverás con Pepe.

– ¿Quién te dice que no sea él quien no quiera volver?

– Uy, con eso no había contado. – Y siguió atacando delicadamente su ensalada César. Más tarde me diría que ella había visto cómo me miraba Pepe desde el principio, que sabía que si yo no me ponía pesada con el tema maternidad él volvería bajo mis sábanas inmediatamente. Pero, ¿cómo confiar en algo tan subjetivo como “lo he visto en sus ojos”? ¿Estamos locos o qué?

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio

VI. Vacíos y llenos

VII. Instalando sensaciones, emociones y estados de ánimo

VIII. El proyecto Carmencita

IX. Encuentros en la tercera fase

X. Déjà vu (O la noche esotérica 2)

XI. Un recuerdo, una nostalgia, un dolor

XII. Puntos, comas e inflexiones

XIII. El hotel

XV. En un parque cualquiera

XVI. El plan de Gloria

XVII. El restaurante de Pepe

XVIII. Un par de cosas

Es Carmen!

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5 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: XVIII. Un par de cosas (3)

  1. Anuchi dice:

    Pero…. vamos a dejarla hacer con Alberto, a ver qué tal…. Por cierto, dejémoslas con su ensalda César!!!!! Riquísima (recoerdando uno de nuestros primeros almuerzos en el VIP). Besotes.

    Le gusta a 1 persona

  2. Pingback: Es miércoles, es Carmen! – My Stories Project

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