Carmen, mi suerte está echada: XX. Un viaje a las estrellas (y 5)

XX.5

– Madre mía, Alberto, sabes qué hacerle a una mujer en el momento justo.

– Tengo un curso de masajista.

– ¡Eres toda una caja de sorpresas! – Y me incorporé en la silla sin bajar la pierna de su regazo. – Creo que podría aprovecharme un poco más de ese cursito tuyo.

– Y luego voy por el coche, no quiero dejarte incapaz para todo el viaje. Tengo grandes planes para nosotros, mañana.

– ¿Mañana?

– Sí, pero no hablemos de eso todavía, ¿vale? – Sonreí como una niña pequeña a la que le prometen una bolsa de chucherías mientras le están dando un vestido nuevo. Me encantaba ser tan agasajada, ya era hora y no me iba a negar a esas atenciones.

– Vale. – Pausa y carraspeo, todo muy premeditado. – Alberto. – Y levantó la vista de mi pie con expresión interrogativa. En su gesto pude ver sus pensamientos, ahora el transparente había sido él. Había dialogado consigo mismo en estos términos: “Sé que no me va a dejar porque el viaje ha sido idea suya y no iba a venir a Toledo a un hotel de lujo que pago yo para hacerlo. Por la misma razón, no me va a decir que vamos demasiado rápido. Solo queda una cosa…”. – ¿Puedo decirte algo y esperar que no te eches a correr?

– Nunca he sido de esos, pero prueba, siempre hay una primera vez. – Sonrisa de medio lado intentando quitarle hierro al asunto.

Retiré mi pie y lo calcé con todo el dolor de mi corazón en el zapato. Ahora que se acercaba el momento de la verdad, mi seguridad se había esfumado. La seguridad que había plantado y mimado en su crecimiento desde que hablé con Gloria se estaba doblando por el tallo y tenía que lanzarme al vacío antes de que cayera como un edificio que demuelen con dinamita. Me incorporé y observé por el rabillo del ojo al camarero. Preferí llamarlo yo antes de que viniera y me interrumpiera en pleno discurso.

– ¿Perdona? Una cerveza y un tinto de verano. – El chico asintió de lejos y yo ya me permití mirar a Alberto. – Tengo 40 años, Alberto, creo que ya lo sabes. – Asintió y me dejó continuar. Parecía que sabía de mi urgencia. – No es que no me encuentre bien contigo, al contrario, pero necesito algo más, no soy una adolescente. – Y mientras yo notaba que gesticulaba más de lo habitual, vi cómo sus ojos cambiaron de color, juro que lo hicieron. Me puse nerviosa porque no pude identificar si me había interpretado bien o no, así que seguí intentando no trastabillarme. – Quiero una relación, no sé, estable. Necesito una relación estable y necesito… – y aquí venía la bomba tras la cual sabría si la cosa iba a funcionar o no. Si lo mío con Alberto se iba a quedar solo en remojones esporádicos. – Necesito ser madre. No quiero que pienses que te he elegido como padre, por favor, lo nuestro surgió sin más, pero quiero que sepas que yo voy a seguir adelante con este proyecto. – Llamarlo “proyecto” me sentó mal hasta a mí. – Y no creo que si tú no quieres, lo nuestro tenga mucho más recorrido del que ha tenido hasta ahora. En fin, no pienses que te estoy dejando, al contrario. Creo que me he hecho un lío. – Suspiré algo impotente por mi repentina habilidad negada para la comunicación.

– Carmen…

– No, déjame que termine, me he explicado mal. Mi pregunta iba a encaminada a si quieres dar el paso conmigo, si quieres unirte a… ¿al proyecto?

– Vaya, no sabía que estas cosas se hablaban así, todo tan oficial. Pero eres diferente hasta para eso, así que a ver qué te parece esto: Carmen, tengo 43 años y siempre he querido ser padre, pero nunca he encontrado a la persona adecuada con quien serlo. Contigo es diferente, desde que te vi en aquella mesa de almacén tu primer día en la productora, te vi como la mujer con quien me gustaría estar y con quien me gustaría tener hijos. Así de sencillo, por eso lo de que nunca tuve red contigo. ¿Te parece suficiente? – Y tocada y hundida. A eso se le llamaba decir las cosas seguridad.

¿Qué si me parecía suficiente? Bueno… muy suficiente, mucho.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio

VI. Vacíos y llenos

VII. Instalando sensaciones, emociones y estados de ánimo

VIII. El proyecto Carmencita

IX. Encuentros en la tercera fase

X. Déjà vu (O la noche esotérica 2)

XI. Un recuerdo, una nostalgia, un dolor

XII. Puntos, comas e inflexiones

XIII. El hotel

XV. En un parque cualquiera

XVI. El plan de Gloria

XVII. El restaurante de Pepe

XVIII. Un par de cosas

XIX. Caminando hacia el borde del precipicio

XX. Un viaje a las estrellas

Es Carmen!

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2 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: XX. Un viaje a las estrellas (y 5)

  1. ¡Cómo me mola Alberto! Ya sé que lo he dicho un montón de veces pero es que no puedo evitarlo… A veces, no obstante, me da un poco de miedo, porque de momento no le he encontrado ninguna tara y eso me hace desconfiar. Jajajaja. Besotes!!!

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