Carmen, mi suerte está echada: XXI. ¿Perdona? (1)

XXI.1

Qué más da lo que hicimos al día siguiente. Qué más da lo que hicimos ese mismo día. Qué más da todo. Salí de Madrid con una relación incipiente, juguetona, temporal y cuando volví un par de días después, lo hacía como una mujer a la que prácticamente solo le quedaba oficializar el tema con un papel en el registro. Porque, admitámoslo, volver a casa con un plan de vida que incluye un niño ata mucho más que una firma. Y eso se notaba en nuestro comportamiento, en nuestras conversaciones, en nuestras sonrisas y nuestras actitudes. Yo me sentía pletórica, como si descansara después de un viaje tortuoso por el desierto. Por fin, llegaba no a un oasis, sino a una ciudad con miles de pozos de agua, todos ellos potables. Oh, sí, señor, todos los pozos de esa ciudad eran aptos para el consumo humano. Y una sensación de frescor, de alivio, de felicidad absoluta se dejaba sentir por cada terminación nerviosa de mi cuerpo. Recuerdo ese viaje en coche como el más feliz de mi vida, incluso ahora, que estoy en la puerta del restaurante de Pepe a punto de pedirle que vuelva conmigo sin condiciones de por medio. Ese trayecto lo recordaré toda la vida como EL TRAYECTO, así, en mayúsculas (porque a estas alturas, ya os habréis dado cuenta de que yo pongo en mayúsculas lo que me parece único). Azuzada por mi constante deseo de vivir el momento porque nunca se sabe lo que puede venir después, me limité a sentir el bienestar y no dejarlo escapar. Escuchaba un CD de Alberto, de esa música suya tan paranoica y decidí que podría escucharlo una y otra vez sin ningún tipo de reticencias. Hasta podría hacerme adicta al cine, a ese cine que tanto le gustaba a él, para mantener conversaciones de alto nivel. Me sentía con poder, con el mundo a mis pies, ya podía ver a Carmencita correteando por ese ático suyo tan de su propiedad.

– ¿Te vienes conmigo? – Alberto me sacó de mi ensimismamiento y me obligó a reanudar mi existencia normal.

– ¿Qué? ¿Cómo?

– Hoy me dan el ático.

– ¿Hoy domingo?

– Tenía que haber sido ayer, pero, en fin, no iba a estar en casa, así que sí, hoy domingo.

– Ah, bien. Perdona, ¿qué me has preguntado?

– Que si te vienes conmigo. Vente conmigo, no duermas hoy en tu apartamento. – Y en sus labios vi cómo reprimió una sonrisa por callarse alguna que otra verdad: “no vuelvas a tu cuchitril”. Pero así era él, diplomático.

– Eh, bueno…

– Venga, Carmen, hemos decidido tener un hijo, lo menos que podemos hacer es empezar a vivir juntos. – Y aunque tenía toda la razón del mundo, lo vi tan precipitado. Aún así, la red hace tiempo que la había recogido, así que girando mi salvaje melena de rizos que llevaba suelta y desmadejada, le dije un sí entre dientes mientras apoyaba mi mano izquierda cerca de su entrepierna, hacía frus frus con mis medias y le lanzaba un beso lo suficientemente lejos como para que mis morros rojos le dijeran toda la pasión que estaba dispuesta a derrochar cuando viera aquel ático por primera vez.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio

VI. Vacíos y llenos

VII. Instalando sensaciones, emociones y estados de ánimo

VIII. El proyecto Carmencita

IX. Encuentros en la tercera fase

X. Déjà vu (O la noche esotérica 2)

XI. Un recuerdo, una nostalgia, un dolor

XII. Puntos, comas e inflexiones

XIII. El hotel

XV. En un parque cualquiera

XVI. El plan de Gloria

XVII. El restaurante de Pepe

XVIII. Un par de cosas

XIX. Caminando hacia el borde del precipicio

XX. Un viaje a las estrellas

Es Carmen!

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3 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: XXI. ¿Perdona? (1)

  1. ¿Por qué le va a pedir a Pepe volver? ¿Por qué? Si Alberto es super guay… Ahora estoy intrigadísima con qué será lo que termina pasando entre ellos. ¿Guarda Alberto algún oscuro secreto? No se pierdan el próximo capítulo de esta apasionante historia.

    Besotes!!!

    Le gusta a 1 persona

  2. Pingback: Es miércoles, es Carmen! – My Stories Project

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