Carmen, mi suerte está echada: XXI. ¿Perdona? (2)

Porque siempre que vives nuevas situaciones te dejan un no sé qué que qué sé yo de antiguas vivencias… Y Pepe ha dejado mucho poso.

XXI.2

Pepe me dijo a los dos meses de vivir en Madrid que si quería irme a su apartamento, pero yo dije no. Dije no por muchas razones, aunque entre las más importantes estaba la de que necesitaba sentirme independiente en ese aspecto. No quería que nadie pensara, y menos él, que solo estaba dejando pasar el tiempo hasta que me lo pidiera y poder pasar a una cómoda situación de mantenida. No iba a ser una mantenida en el estricto significado de la palabra, pero sí lo sería con respecto a vivir desahogadamente sin tener que pagar un alquiler y poder subsistir con mi mísero sueldo para darme mis caprichos porque las necesidades básicas podían estar perfectamente cubiertas por Pepe. Así que aquella noche de miércoles volví a casa alicaída y confundida porque por un lado no quería regresar a ese piso con críos que tanto me deprimía y por otro, no podía aceptar la proposición de Pepe.

Y me consta que me lo dijo de verdad, con verdadera fe en nuestra relación y visión de futuro. Lo veía en sus ojos, en sus largas pestañas que se movían arriba y abajo en cada parpadeo. No eran parpadeos de nerviosismo, de compromiso, eran parpadeos de sinceridad.

– ¿Te vienes conmigo?

– ¿Cómo? –Yo seguía dándole vueltas a una dorada a la sal que me había preparado “de una forma tan sencilla que hasta yo podría hacerla”.

– Vente aquí, vivamos juntos.

– ¿Te has vuelto loco? ¿Y tu hija?

– ¿Qué tiene que ver ella en esto?

– No sé, pasa aquí bastante tiempo, ¿no?

– Pasa aquí dos tardes en semana y dos fines de semana al mes, pero ¿qué tiene que ver?

– No somos un par de adolescentes, tenemos responsabilidades. – A mí se me estaban atragantando ya las espinas, que él había quitado cuidadosamente para que comiera el pescado sin preocupaciones. Eso solo lo hace una persona enamorada.

– Mi responsabilidad es Cecilia, pero también es mi responsabilidad mi vida. Por casa de su madre han pasado ya un par de hombres.

– ¡Ah, es eso! – Lo dije divertida, para nada en serio.

– No, no es ningún tipo de venganza. Mira, he estado con algunas mujeres desde que me separé; con alguna incluso más tiempo del que llevo contigo ahora, pero solo contigo me he sentido capaz de dar este paso de nuevo. – Me miraba a través de su copa de vino blanco. Había comprado para la ocasión un frizzante que llenaba de burbujitas mi cabeza y me salía la sonrisa fácil, apoyada sobre mi mano con el codo en la mesa, si me hubiera visto mi abuela.

– No puedo, Pepe, así de sencillo. – Y volví a comer con ahínco mi dorada.

– ¿Por qué? No lo entiendo.

– Es muy fácil, mira. – Y tragué para tragar y para hacer una pequeña pausa que le diera más rotundidad y pasión a lo que iba a decir. – Esto que he hecho, venirme a Madrid, malvivir en casa de una familia numerosa, querer despegar sola… es importante para mí.

– Carmen, tenemos una edad, no tenemos que demostrarle nada a nadie.

– No te das cuenta, ¿verdad? No es la gente la que me importa. – Bueno, sí, un poco. – Soy yo, me lo tengo que demostrar a mí. – Y oculto en toda esa argumentación de mujer independiente con objetivos imposibles de tumbar, se encontraba pululando Ramón, con su espectro y su sábana que aún cubría buena parte de los muebles de mi memoria. Ramón había sido el último hombre con el que había compartido mi vida. No es que temiera que Pepe también se me quedara en la cama, pero…

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio

VI. Vacíos y llenos

VII. Instalando sensaciones, emociones y estados de ánimo

VIII. El proyecto Carmencita

IX. Encuentros en la tercera fase

X. Déjà vu (O la noche esotérica 2)

XI. Un recuerdo, una nostalgia, un dolor

XII. Puntos, comas e inflexiones

XIII. El hotel

XV. En un parque cualquiera

XVI. El plan de Gloria

XVII. El restaurante de Pepe

XVIII. Un par de cosas

XIX. Caminando hacia el borde del precipicio

XX. Un viaje a las estrellas

XXI. ¿Perdona?

Es Carmen!

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One thought on “Carmen, mi suerte está echada: XXI. ¿Perdona? (2)

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