Carmen, mi suerte está echada: XXII. La cocina

No hay relación que no deje huella, eso es inevitable. Por muy insignificante que pueda parecer a priori, ahí está, creando recuerdos. Pero si hablamos de la relación más importante de una vida, como lo es la de Pepe para Carmen, cada momento sí que es un recuerdo, recuerdos que se quedan como poso de felicidad en la taza de la memoria.


XXII. La cocina

La cocina siempre ha sido una de mis fantasías sexuales más exitosas. Digamos que ha acompañado a mis manos en momentos de soledad sentimental y me ha dado muchas satisfacciones. Hacer realidad una fantasía como esa, tal cual, es complicado. Con Ramón la cocina sí fue escenario de encuentros amorosos, pero yo era “demasiado mujer”, como diría Gloria, para él y ni por asomo se asemejaba a la película que yo me montaba en mis noches de pasión solitaria. Pepe fue el responsable de que tachara eso de mi lista. Cómo no.

Con él y con su corpulencia, que para levantar mis curvas hacen falta más que ganas, aquel miércoles la cocina se convirtió en un lugar especialmente erótico y no volvió a presentarse ante mí como esa habitación extraña y anodina que había sido hasta ese momento. Volvíamos de mi primera experiencia gastronómica en su restaurante. Me había tapado los ojos para degustar sus platos, sabiendo de mi infantil tendencia a renunciar a platos por su aspecto o por su ingrediente principal (más que nada, pescado). Eso había arrasado en mi interior, había sido un tsunami que había dejado solo ganas de él. Y tan literario queda esto que no puedo describir con palabras más tiernas lo que pasó a continuación.

– Sé que te has quedado con ganas.

– ¿Ganas de qué? – Lo miré de soslayo como no entendiendo lo que me quería decir. Había insistido tanto en que lo acompañara a su casa que no me había podido negar, cuando yo ya me veía mojándome las ganas en la ducha de mi piso compartido, aún bajo el riesgo de que mis anfitriones me miraran con malos ojos a la mañana siguiente: “Has despertado a los niños y eso no lo perdonamos en esta casa”.

– ¿Has avisado de que no vuelves esta noche?

– ¡Ah! ¿No vuelvo?

– No, no vuelves. – Y me llevó a la cocina de su piso que casi no tenía nada que envidiarle a la del restaurante. – Mira qué encimera.

– Preciosa, siempre me ha gustado ese color.

– Y hoy más.

Y pasó lo que tenía que pasar para poner el broche perfecto a un miércoles perfecto.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio

VI. Vacíos y llenos

VII. Instalando sensaciones, emociones y estados de ánimo

VIII. El proyecto Carmencita

IX. Encuentros en la tercera fase

X. Déjà vu (O la noche esotérica 2)

XI. Un recuerdo, una nostalgia, un dolor

XII. Puntos, comas e inflexiones

XIII. El hotel

XV. En un parque cualquiera

XVI. El plan de Gloria

XVII. El restaurante de Pepe

XVIII. Un par de cosas

XIX. Caminando hacia el borde del precipicio

XX. Un viaje a las estrellas

XXI. ¿Perdona?

Es Carmen!

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3 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: XXII. La cocina

  1. Pingback: Es miércoles, es Carmen! – My Stories Project

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