Carmen, la suerte está echada: XXIII. ¿Amor del bueno? (1)

XXIII.1

Cruzarse medio Madrid en busca del DVD de una película en blanco y negro, tan antigua que probablemente sus derechos de autor estén liberados, eso en mi idioma se llama amor. Así me sentía yo la primera semana de mi salto al vacío con Alberto. Yo vivía una luna de miel y esa sensación de volatilidad (solo sensación, porque correr de un autobús a otro para llegar a una tienda perdida en un barrio perdido que me parecía hasta peligroso es bastante físico), esa sensación de volatilidad provocaba que no viera las cosas con la perspectiva necesaria. En realidad, carecía de ella, estaba tan implicada en nuestra relación que todo me parecía poco. Alberto había hablado de ese título al final de una reunión de trabajo, en los corrillos que se forman en la puerta de la sala como obstáculos que tienes que sortear con sonrisas y comentarios insulsos para llegar cuanto antes a tu mesa. Pues yo había tomado nota y me iba a erigir como la compañera perfecta, la novia que se fija en todo lo que dices sin que parezca que lo hace, esa iba a ser yo.

Hacía unos días que vivíamos juntos y todo el mundo lo sabía, de hecho, todos andaban preguntándose por qué no lo habíamos hecho antes. Dejamos los papelones de llegar a distintas horas a personas que de verdad tuvieran que ocultar algo, nosotros teníamos una edad y él era el jefe, no tenía que dar explicaciones a nadie. Sin embargo, y para no levantar falsos testimonios de favoritismo, llevaba los mismos días yéndome a casa más tarde de lo habitual, que no pareciera que vivir con el jefe servía para salir antes del trabajo. En realidad, nos quedábamos ambos, así que bien podría haber hecho al revés, pero no. Ese día, pese a todo, salí a mi hora, más que nada porque en algo más de treinta minutos cerraba ese videoclub (me quedé de piedra cuando descubrí que todavía existían), que no solo tenía el DVD del que le hablaba por teléfono, sino que además lo tenían en venta, eso sí, algo más caro de lo habitual. Debí suponer que mi urgencia por obtenerlo iba a ser directamente proporcional al precio del mismo, pero estaba enamorada, eso daba lo mismo.

El videoclub era oscuro, las estanterías llenas de carátulas de película parecían inclinarse sobre mí en un intento vano de atraerme hacia los títulos. Para nada, quién a estas alturas tiene DVD, solo Alberto y porque le gustan las películas antiguas que no puede encontrar en otro formato (en su casa más tarde descubriría que guardaba como un tesoro un vídeo VHS). Olía raro, a rancio, a polvo y a moho y a Cristasol. Esto último como un intento fracasado de imprimir algo de limpieza e higiene al lugar. Me dirigí al mostrador del local con mi banda sonora original, un repiqueteo de tacones que hizo que el dependiente estuviese ya alerta cuando llegué.

– Buenas tardes. – Y le enseñé mis dientes blancos y alineados fruto de una ortodoncia que supuso una adolescencia aún más complicada para mí.

– Hola. – Un chico de unos veintipocos, con rizos por toda la cabeza, rizos que había decidido dejar crecer salvajes, bien por él, me sonreía extrañado desde la otra parte. Se colocó bien sus gafas y no disimuló una ojeada a mi escote. Alma de cántaro, no era el primero que lo hacía, ya estaba acostumbrada a esas demostraciones de atención.

– Soy Carmen, hablé contigo por teléfono antes.

– ¡Ah, sí! – Su cara se deshizo del miedo y la expectativa de peticiones extrañas y difíciles y se agachó. – Aquí tienes. – Y me extendió un cajetín en el que se podía leer un “Fuera de catálogo” casi borrado. Debió de ver mi expresión. – No te preocupes, se ve perfectamente, lo he comprobado. El DVD no está rayado. – Y volvió a sonreír, esta vez ampliamente, hasta que ver desaparecer su sonrisa y un fundido a negro fue todo uno.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio

VI. Vacíos y llenos

VII. Instalando sensaciones, emociones y estados de ánimo

VIII. El proyecto Carmencita

IX. Encuentros en la tercera fase

X. Déjà vu (O la noche esotérica 2)

XI. Un recuerdo, una nostalgia, un dolor

XII. Puntos, comas e inflexiones

XIII. El hotel

XV. En un parque cualquiera

XVI. El plan de Gloria

XVII. El restaurante de Pepe

XVIII. Un par de cosas

XIX. Caminando hacia el borde del precipicio

XX. Un viaje a las estrellas

XXI. ¿Perdona?

XXII. La cocina

Es Carmen!

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3 thoughts on “Carmen, la suerte está echada: XXIII. ¿Amor del bueno? (1)

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