Carmen, mi suerte está echada: XXIII. ¿Amor del bueno? (2)

XXIII. 2

Desperté en una habitación de hospital tan blanca que me dolieron los ojos solo con abrirlos. Mi cabeza despedía punzadas que atravesaban mi cuerpo y todas ellas salían de un solo punto situado más o menos junto a la oreja derecha. Cuando intenté incorporarme, el mareo que me sobrevino me dejó tan loca que creí que me iba a caer de la cama. Que viera a mi lado a Pepe no hizo sino aumentar mi sensación de ensueño.

– Vale, sé que no estás aquí. – Comencé a hablar en voz alta para despertarme y darme confianza a mí misma. – Esto es un sueño, ¿verdad? Claro que es un sueño, pero entonces ¿por qué me duele tanto aquí detrás?

– No, Carmen, no te incorpores.

– ¡Que no estás aquí! ¡Que esto es un sueño! Joder, joder, joder… – ¿Y mis tacones? ¿Dónde estaban mis tacones? Veía mis pies al final de la cama totalmente desnudos. – ¿Y mis tacones? ¡Que me han costado un pico! No, no, no, esto es un sueño.

– Carmen, por favor, estate quieta. ¡Enfermera!

– ¡Pero qué enfermera ni qué ocho cuartos! Esto es…

– No, Carmen, esto no es un sueño, has sufrido un atraco.

– ¿Un qué? – Y como un resorte me senté con tanta velocidad que las cortinas que me rodeaban se me abalanzaron como fantasmas.

– Un atraco. Estabas en un videoclub y entraron a robar, te golpearon en la cabeza.

– ¿Que entraron a robar en el videoclub? ¿Pero quién roba un videoclub hoy en día? – Estaba tan confundida que no podía pensar con claridad. – ¿Y qué haces tú aquí?

– Me llamaron. – Entonces caí en la cuenta de que lo tenía almacenado como llamada de emergencia en mi móvil, un móvil tan antiguo que no mereció la pena ni llevárselo, no sabía si alegrarme o darme lástima.

– Oh, ya, ya… Creo, creo que aún no he cambiado la llamada de emergencia.

– Sí, eso debe ser. Tampoco has cambiado la contraseña. He llamado a Alberto. – Ah, por eso miraba una y otra vez hacia la puerta, para soltar mi mano cuando lo viera aparecer. – Ahora, túmbate. – Le hice caso y cuando posé mi cabeza sobre la almohada fui más consciente que nunca del golpe.

– Entonces, dime, ¿qué ha pasado?

– ¿Qué demonios hacías en ese barrio?

– Eh, no sé, buscaba una película y ese videoclub era el único sitio que tenía ese título.

– Ya, ¿ahora eres una experta en cine?

– Yo no, Alberto.

– Ah, Alberto. – Y me soltó la mano. Giré hacia la puerta, pero Alberto no había aparecido aún por la entrada, estaba confundida. – Bueno, parece que no ha sido nada, pero te van a hacer un tac para descartar posibles derrames.

– ¿Derrames? – Los ojos se me salieron de las órbitas y comencé a temblar. Me cogió de nuevo la mano.

– No te preocupes, lo van a hacer por asegurarse, pero el doctor ya ha pasado por aquí y me ha dicho que… Mira, aquí está.

– Hola, Carmen, ¿cómo estamos?

– Como si me hubieran dado un golpe muy fuerte en la cabeza. – El hombre sonrió y se puso a mirar una carpetilla con un montón de hojas, todo muy profesional, tal y como sale en las películas.

– ¿Ya te ha dicho tu marido que te vamos a hacer un tac?

– Bueno, él no… Sí, me lo ha dicho. – ¿De qué servía que le sacara de su error? Seguramente no le importaba en absoluto si Pepe era mi marido o mi amante.

– No te preocupes, es rutina. Estás respondiendo bien y te has despertado y asimilado la situación con bastante naturalidad, la cabeza parece funcionarte perfectamente. – Sonreí deseando que no hubiera sido así para, en el momento en que llegara Alberto, haberme podido hacer la enferma.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio

VI. Vacíos y llenos

VII. Instalando sensaciones, emociones y estados de ánimo

VIII. El proyecto Carmencita

IX. Encuentros en la tercera fase

X. Déjà vu (O la noche esotérica 2)

XI. Un recuerdo, una nostalgia, un dolor

XII. Puntos, comas e inflexiones

XIII. El hotel

XV. En un parque cualquiera

XVI. El plan de Gloria

XVII. El restaurante de Pepe

XVIII. Un par de cosas

XIX. Caminando hacia el borde del precipicio

XX. Un viaje a las estrellas

XXI. ¿Perdona?

XXII. La cocina

XXIII. ¿Amor del bueno?

Es Carmen!

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3 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: XXIII. ¿Amor del bueno? (2)

  1. Vaya, y yo montándome la película con que el del videoclub era un psicópata… La verdad es que es muy raruno que alguien atraque un videoclub en estos tiempos.
    No me imaginaba a Carmen con un móvil viejo, con lo coquetuela que es ella… Ya veremos qué tal cuando Alberto y Pepe se encuentren. Un besote!!!

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    • Jajajajaj,algo así tenía que pasar para juntar a estos dos chulazos en una misma habitación. Lo del móvil, básicamente, es por lo cortita que se encuentra la pobre en esta nueva etapa de su vida, prefiere gastarse el dinero en un buen bolso que en un móvil nuevo! 😜😘😘

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  2. Pingback: Es miércoles, es Carmen! – My Stories Project

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