Carmen, mi suerte está echada: XXVI. Escenas (y 3)

XXVI.3

Tumbada en mi colchón gigante, más gigante aún ahora que lo estaba usando yo sola, hacía un repaso rápido a lo que habían sido mis últimos meses: había pasado de estar con el hombre de mi vida, Pepe, a mantener una relación de unas semanas y con uno de los compromisos más grandes que he tenido (y creo que se puedan tener de forma general en la vida) con otro hombre que podría ser el hombre de su vida de cualquier mujer menos el mío. Mientras tanto, había dado el salto a vivir sola en un miniapartamento, había ascendido en mi trabajo y había afianzado mi confianza en mí misma. Todo esto podría ser tan positivo si se leyera en el viaje vital de una veinteañera que daba miedo la urgencia con la que lo leía en mí, una mujer de casi cuarenta.

Mientras pasaba de un pensamiento a otro, de fondo estaban Pepe y ser madre, ser madre y Pepe. La cabeza me iba a estallar.  Acabé por quitarme el pantalón, por si haciéndolo podía mejorar mi estado físico. Me quedé en bragas y solo conseguí sentir algo de comodidad y libertad porque el calor empezaba a apretar incluso de noche.

Salí de casa de Alberto con vergüenza, la que me hacía pasar mi sentido de culpabilidad en máximos en aquellos momentos, pero bueno, siempre he pensado que si estás equivocado, lo mejor es aceptarlo, asumirlo y darlo a conocer lo antes posible, aunque parezca tarde. Vivir en el error cuando ya se conoce es algo irresponsable. Responsabilidad, mi palabra fetiche en aquella ruptura. “Responsabilidad”, le dije a Alberto cuando cerré la puerta de su piso y no sabía si quiera si iba a volver a la productora. ¿Acaso podía seguir todo igual? ¿Acaso podía aspirar a continuar trabajando junto a aquel hombre con el que había llegado a hacer planes de futuro tan inmensos como tener hijos? Tenía por delante algunos días más de baja, podía esperar un poco. ¿Podían hacerlo mis otras premuras? Tenía que decidirlo y esta vez nada de “pensar, hacer, apechugar y volver a pensar”. Ahora sería: “pensar, hacer y apechugar”.

Es difícil encontrar el camino en la vida. La suerte no es algo que se decida de forma fortuita, normalmente para seguir una senda, se dejan atrás otras que seguramente te hubieran traído bastantes alegrías. Todo es pesar en esa balanza imaginaria lo que se quiere ahora y lo que crees querrás en un futuro. Ser madre había sido un deseo que había nacido en lo más recóndito de mi ser, de un modo bastante animal. Nunca había imaginado que me pasara algo así. Y por otro lado, Pepe era esa persona con la que quería estar el resto de mi vida, ya fueran dos meses o veinte años. ¿Que cómo sabía esto último? El amor es así de contundente. Cualquiera de las dos opciones sería buena para mí y decidir entre ellas era decidir desde el egoísmo, ¿qué era lo que deseaba más? Con ambas posibilidades satisfacía un deseo. Una de ellas podía no surtir efecto, ¿y la otra? Igual tampoco.

Cuando el rayo del sol me despertó taladrando mi ojo derecho, ya sabía lo que iba a hacer. Envié un WhatsApp a Gloria y le dije que me enviara por correo urgente sus stilettos de suela roja, reservé en uno de los mejores hoteles de Madrid (me quedaría sin vacaciones gracias a esto, pero la recompensa podía ser mucho mayor. Y mejor.) y llamé a Alberto para decirle que iría a recoger mis cosas esa misma mañana, dejándole luego las llaves al portero. Volvía a tener los mandos de mi vida y por mí que no quedara.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio

VI. Vacíos y llenos

VII. Instalando sensaciones, emociones y estados de ánimo

VIII. El proyecto Carmencita

IX. Encuentros en la tercera fase

X. Déjà vu (O la noche esotérica 2)

XI. Un recuerdo, una nostalgia, un dolor

XII. Puntos, comas e inflexiones

XIII. El hotel

XV. En un parque cualquiera

XVI. El plan de Gloria

XVII. El restaurante de Pepe

XVIII. Un par de cosas

XIX. Caminando hacia el borde del precipicio

XX. Un viaje a las estrellas

XXI. ¿Perdona?

XXII. La cocina

XXIII. ¿Amor del bueno?

XXIV. Adiós, Pepe, adiós

XXV. Bajas que suben el pan

XXVI. Escenas

Es Carmen!

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One thought on “Carmen, mi suerte está echada: XXVI. Escenas (y 3)

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