Carmen, mi suerte está echada: XXVII. Los primeros amores, si no se logran, quedan estampados en la memoria (y 4)

XXVII.4

– ¿Estás bien? No te he llamado, lo sé, pero la cara de Alberto en el hospital me quitó las ganas. – Ahora estamos en el callejón de atrás. Su olor a cocina y a hombre me tiene sugestionada por completo, ¿qué es lo que me había dicho?

– ¿Cómo?

– He dicho que no te he llamado porque no creo que a Alberto le cayera muy bien que me pusiera en contacto contigo. – Obvio que yo soy persona aparte de Alberto; como no sigo con él, no le doy importancia.

– Bueno, ya no estoy con él, así que no tiene ya importancia. – Su cara es un revoltijo de emociones, es lo que tiene ser tan transparente. Puedo identificar sorpresa, alegría, confusión. La sorpresa es evidente, claro, lo he dejado y hace unos días estaba con él; la alegría de verme libre, sé que me quería y que me quiere, no tiene que haber sido fácil saber que estaba con otro, con todo lo que eso conlleva; confusión: ¿qué hago allí?

– Vaya, es toda una sorpresa. ¿Qué ha pasado? Bueno, en fin, no es que deba importarme. – Se pone nervioso, me encanta cuando se pone nervioso, no es muy común en él.

– Lo he dejado yo, es absurdo estar con un hombre cuando quieres a otro, ¿no? – Y no creo que hagan falta muchas palabras más, pero por si acaso, continúo. – Por eso estoy aquí. Te quiero, Pepe. Lo he intentado, he intentado hacer mi vida por otro lado, con mis prioridades y mis sueños, pero si tú no estás en ellos tienen poco sentido. He venido a por ti. – Y me siento poderosa después de soltar semejante declaración de amor. En décimas de segundo, se abren ante mí las dos opciones que observo para esta situación: una, que me diga que sí, que todo sea como en las películas, me dé un beso de tornillo que me deje loca y nos vayamos en ese preciso instante – dejando a toda su clientela colgada – para celebrar el amor por encima de todas las cosas (sonrío al pensar eso de “por encima de todas las cosas”); y dos, que me diga que no, que me quiere, pero que lo de ser padre sigue siendo incompatible y, aún cuando yo haya renunciado a ello por él, él no puede hacerme tal mezquindad. Sin embargo, se sale por la tangente.

– Carmen…

– Pepe, te necesitan en cocina. – Un chico menudo y con ojos saltones se asoma por la puerta. Sus ojos efectivamente saltan para echar un vistazo rápido a la situación antes de meterse de nuevo dentro.

– Carmen…

– Vale, te necesitan en cocina. Yo debería haber previsto que este no iba a ser un buen momento. Toma. – Y le doy una nota con el nombre de un hotel y una habitación.

– ¿Qué es esto?

– Voy a estar ahí toda la noche. – Le doy un beso en la comisura de los labios, solo su roce me produce una descarga eléctrica que casi se me ponen los rizos de punta y se me alisa el pelo. Madre mía, he puesto toda la carne en el asador y esa descarga me ha confirmado que he hecho lo correcto. Me alejo con mi banda sonora acompañándome, un taconeo incesante y atractivo – lo sé, es un repiqueteo atractivo el que producen estos zapatos –, que deja en el aire la promesa de lo que puede pasar después. Acto seguido escucho un portazo. Pepe ha entrado de nuevo en su cocina.

Antes de esto…

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada

I. Historias que acaban, historias que comienzan

II. La historia que comienza

III. La fiesta

IV. Llamando a mi controlador, llamando a Gloria

V. Reflexionando que es gerundio

VI. Vacíos y llenos

VII. Instalando sensaciones, emociones y estados de ánimo

VIII. El proyecto Carmencita

IX. Encuentros en la tercera fase

X. Déjà vu (O la noche esotérica 2)

XI. Un recuerdo, una nostalgia, un dolor

XII. Puntos, comas e inflexiones

XIII. El hotel

XV. En un parque cualquiera

XVI. El plan de Gloria

XVII. El restaurante de Pepe

XVIII. Un par de cosas

XIX. Caminando hacia el borde del precipicio

XX. Un viaje a las estrellas

XXI. ¿Perdona?

XXII. La cocina

XXIII. ¿Amor del bueno?

XXIV. Adiós, Pepe, adiós

XXV. Bajas que suben el pan

XXVI. Escenas

XXVII. Los primeros amores, si no se logran, quedan estampados en la memoria

Es Carmen!

Anuncios
Estándar

5 thoughts on “Carmen, mi suerte está echada: XXVII. Los primeros amores, si no se logran, quedan estampados en la memoria (y 4)

  1. Pingback: Es miércoles, es Carmen! – My Stories Project

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s