Es miércoles, es Carmen! 

Carmen se ha cogido vacaciones sin previo aviso, ¡ni yo misma sabía que está semana nos íbamos a quedar sin saber de su suerte!

De todas formas, después de tres años acompañándola y llegando casi al final de la tercera temporada, creo que un pequeño parón para coger impulso y terminar en lo más alto no viene del todo mal 😊

Por eso, y aunque sé que no es lo mismo,  os dejo con un microcuento de Carmen! Disfruta de Carmen! en breve que la semana que viene vuelve en extenso.

PD. Aprovecha para ponerte al día o rememorar toda la suerte de Carmen aquí mismo.

¡Arriba el Chick-lit! 

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¡Felices Fiestas!

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Buenas noches con Carmen!

Retazos de la suerte de Carmen para dar las buenas noches en las redes sociales. Porque un poco de Carmen! es mucho.

#BuenasNoches con Carmen!

Do you Carmen!?

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Desde que descubrí Rozalén, me encantó y la relacioné inmediatamente con Carmen! No me preguntéis por qué.

Para mí, es parte de su banda sonora y siempre que leo o escribo Carmen! su voz rasgada está de fondo. Espero que la disfrutéis tanto como yo. Aquí os dejo “Vuelves”, igual que vuelve Pepe a la vida de Carmen una y otra vez porque Pepe es con Carmen y no hay más.

Es Carmen!

Recordando los mejores capítulos: Carmen, mi suerte en la vida

Me gusta recordar cómo empezó todo, cómo el germen de un relato corto que no tenía más pretensiones que llenar un espacio en blanco con una historia que me rondaba la cabeza hacía días ha dado lugar a lo que hoy es una historia en la que vuelco gran cantidad de ilusión cada semana.

De vez en cuando, por tanto, traigo a primera plana del blog ese germen, ese relato corto: “Carmen, mi suerte en la vida”.

Carmen 1.

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Las historias de Carmen: Las curvas de mi realidad

Ya lo decía en el microcuento de esta semana: a veces le dibujo curvas a mi realidad para sentirme más cómoda. Y no lo digo solo por mis curvas físicas, que son muchas y a mucha honra que las llevo – aunque mi trabajo me ha costado –, sino por las curvas de mi carácter. Son esas que derrapan, que abandonan lo usual, lo normal, el camino recto para adentrarse en alguna experiencia diferente.

En ocasiones, hago rodeos. En lugar de estudiar Secretariado desde el principio, probé con lengua de signos, me encantaba, suspendía y acabé asumiendo que no, no iba a vivir de ser intérprete pero que sí, que me sé defender y es genial. En lugar de hacerle caso al peluquero, aquella vez quise ser como Felicity y le dije que metiera tijera sin miedo. Quién me iba a decir a mí que aquello me duraría lo que dura un peinado, que en cuanto tuviera que hacérmelo yo, parecería una fregona despeluchada. Nunca más. En lugar de hacer caso a mi madre y mis amigas, seguí frecuentando a Gloria y ahora ella es como una hermana para mí. Así son mis rodeos, quizá vuelva a la casilla de salida muchas veces, aunque sin duda con un equipaje más rico (y a poder ser, con alguna blusita y algún bolso de más).

El último rodeo grande, y a una edad en la que los rodeos no pueden ser ya tan extensos, ha sido venirme a Madrid para encontrarme a mí misma a la edad de casi cuarenta años. Aunque esto más que un rodeo, ha sido un viraje en toda regla. Porque nunca es tarde. Nunca.

Miércoles

 

Es Carmen!

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