Uñas rojas

Te invito a leer La Suerte de Carmen.

Este es un relato por entregas que yo enmarco en el chicklit,

pero que tú puedes catalogar como mejor te parezca.

Si no la conoces, te la presento aquí.

Y si quieres empezar a leerla ya, pincha en este enlace.

Sonríe cada miércoles con una nueva entrega de Carmen! en el blog

y cada fin de semana con una de sus historias.

Si te enganchas a Carmen! pronto dirás:

Es miércoles, es Carmen!“.

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Deja que Carmen! pinte tu vida

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Las historias de Carmen: Tentaciones de agosto

Agosto es un mes para las tentaciones. A falta de energías para hacer lo que uno debe hacer y a sobras de pereza para hacer lo que uno debe hacer, entregarse a las tentaciones es la opción más racional en este mes en el que todo cierra y lo que no, está abierto de mala gana y alicaído.

Yo siempre he procrastinado en agosto, es el mes en el que le doy al pause, todos los aspectos de mi vida quedan en stand by y me dedico a sobrevivir. Incluso cuando he tenido pareja, ha sido un mes insulso que casi no ha contado para la relación. Podría decir que el año siguiente a la muerte de Ramón fue un largo agosto de apatía, pereza y supervivencia. Siendo ambiciosa y mintiéndome hasta a mí misma, podría decir que de búsqueda, pero para qué engañarnos, ese año no busqué nada. Si acaso, si algo busqué, fue el desaparecer, pero digamos que ese tema da para otra historia, algo más larga si me lo permitís.

¿Qué me tienta en agosto? Me tientan los helados, me tienta esa dieta que me autoimpongo de “solo un helado al día” porque si por mí fuera me los comería de dos en dos o de tres en tres, que en verano (y en agosto) ni todo el helado del mundo es suficiente. Mi operación biquini, esa que nunca hago, se echa a perder en escasos treinta días en los que libero a mis curvas de mi régimen estricto de comidas.

¿Qué más? Me tienta el sofá. Me tienta saborearlo de todas las formas posibles, que ver una película al revés es muy infantil y muy atractivo (los niños siempre han sabido cómo hacer las cosas). Echada sobre una montaña de cojines, con el aire acondicionado a tope y observando a través de la ventana ese mundo paralelo que se desarrolla ahí fuera, con gente que bulle de ideas y ganas de llevarlas a cabo hasta en el mes más perezoso del año.

¿Y? Me tientan los gin-tónic. Sí, me tientan todo el año, pero en agosto se multiplica por diez la apetencia de ese brebaje lleno de hielo, limón y tónica. Y ginebra, cargadito, por favor.

¿Se me olvida algo? Me tientan las sandalias, es el mes de la sandalia plana. Yo, Carmen, la mujer en un tacón subida durante todo el año, me bajo de mis plataformas y disfruto de andar a ras de suelo durante algunas semanas. Tardo en acostumbrarme unos días, me pregunto si es necesario el esfuerzo tanto por la incomodidad como por la visión de mi figura achatada delante del espejo. Al final concluyo que sí, aunque la vuelta al tacón se hace cada año más cuesta arriba. Cada una tiene sus manías y esa es una de las mías.

¿Por último? La playa. La semana pasada decía que había tenido con ella una relación de amor-odio bastante peculiar: me gusta, pero mis curvas no me han dejado disfrutar de ella siempre que he querido. Ahora, con la edad (quién me iba a decir que yo expresara algo en esos términos: “con la edad”); pues eso, con la edad y muchos complejos superados más tarde, disfruto de la playa.

Y es que agosto es playa, son fotos de pies con el mar de fondo en Instagram, puestas de sol en el horizonte azul, sombrillas de colores y bolsos de rafia, son tobilleras compradas en mercadillos, momentos eternos de sofá, gin-tonic en la terraza de tu casa o en la de un pub, helados de postre, de merienda y de tentempié a media mañana; son blusones anchos y sandalias planas. Y son libros, sí, mucho libro. Pero ellos dan para otra historia.

Es Carmen!

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Ayer no hubo Carmen! Unos problemas técnicos me impidieron llegar a tiempo y obligaron a este relato por entregas a tomarse otra semana de vacaciones. Es lo que tienen las nuevas tecnologías, te facilitan la vida, pero cuando fallan, ¡los destrozos son garrafales!

Para compensar esta circunstancia, os propongo lo siguiente: ¿felicitamos a Carmen por el día de su santo con un microcuento? Y ya, de paso, felicidades a todas las Cármenes, tenéis un nombre muy especial.

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Felicidades, Carmen, con un microcuento

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Un microcuento para Carmen!

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Las historias de Carmen: Eurovisión

Anoche vi Eurovisión. Estaba en casa de Gloria y creía que iba a poder obviar este evento, pero Gloria, a eso de las nueve, apareció en la puerta del salón con una bandeja: dos boles de patatas, dos copas y una botella bien fría de vino blanco de Yllera, mi perdición. No podía decirle que no.

Me sonrió y declaró: “Otro año más y este, por fin, tengo Twitter para comentar”. Siguió sonriendo y se sentó hablando algo sobre que estaba calentando el horno para meter una pizza, pero que de eso me tendría que ocupar yo porque ella estaría ocupada viendo y juzgando cada una de las 27 canciones participantes. Le faltó pasarme un listado de los nombres de los cantantes y un bolígrafo para que fuera apuntando mis impresiones.

– ¿Y Roberto? – Era verdad, no había caído que en aquella casa había demasiado silencio, ni rastro del bebé de un año que debería estar correteando por los pasillos y poniendo de los nervios a su madre, Gloria, a su padre y a su tía posiblemente embarazada, o sea yo.

– ¿Has tenido más de media hora para hacerme esa pregunta y me la planteas ahora? – Gloria hablaba sin despegar los ojos de la televisión.

– Ajá. – Yo bebía con énfasis de mi copa, puede que la última antes de saber con certeza si realmente mis curvas se iban a desmadrar como nunca.

– Roberto se ha llevado al niño a casa de mi su… ejem, de su madre.

– Tu suegra, Gloria, dilo de una vez.

– No es momento para concretar parentescos, ¿no crees? Bueno, que se lo ha llevado porque sabe mi debilidad por ver Eurovisión. Y con eso también su madre afloja un poco.

– No está contenta contigo, ¿verdad?

– ¿Lo estuvo alguna vez? – Esta vez sí que me miró y se metió una patata en la boca, esbozando una sonrisa pérfida. Cuando cerró la boca, la patata crujió sin piedad.

Yo estaba pasando el fin de semana en casa de Gloria porque en mi casa, mi habitación había sido desmantelada desde el minuto uno en que puse un pie fuera de ella hacía ya algunos años. Mi madre y mi abuela me insistieron para que estrenara el maravilloso y flamante sofá cama – a imagen y semejanza del que yo había puesto en mi apartamento madrileño, “porque aquí también tenemos Ikea, no tenemos que irnos al centro del país para comprar uno de estos” –, pero yo no iba a renunciar a un confortable colchón en el piso de Gloria por un sofá cuyos muelles ya sabía muy bien cómo funcionaban.

– Edurne no me gusta. – Gloria hablaba como si yo estuviese al tanto de los pormenores del concurso.

– ¿Por qué? Pobre chica, le ha puesto mucha intención.

– Bah, dicen que ha tenido muy buenas sensaciones en los ensayos, pero yo eso del cambio de vestido no lo veo, a ver cómo le sale. ¡Y la canción!

– ¿Qué pasa con la canción?

– Que es mala hasta decir basta. – Y bebió un sorbo de vino, se echó para atrás y añadió: – Demasiado flojo, no sé cómo te puede gustar esto.

– Quizá es precisamente por eso. Las canciones de Eurovisión nunca han sido obras de arte.

-Tienes razón. ¿Y sabes que han invitado a Australia?

– ¿Y qué tiene Australia de “euro”?

– ¡Eso digo yo! Los tuits están siendo geniales. – Y Gloria dividía su atención entre la televisión y su iPad, donde de vez en cuando lanzaba algún tuit mordaz muy a su estilo. Yo también me había incorporado a Twitter hacía poco y estaba todavía como en una luna de miel, intentando conocer a mi pareja.

– Gloria, voy a meter la pizza en el horno. – En una postura entre despreocupada y alerta, si es que existía algún punto medio entre ambas, alzó su mano e hizo un gesto como de borrar todo aquello que la distrajera, es decir, me borró a mí.

– Ok. – Me fui con la copa y la botella de vino a la cocina donde me preguntaría si no podría haber elegido otro fin de semana para visitar a la familia y a los amigos.

Sin embargo, en breve, hasta yo me sentí atraída por la inevitable gravedad que los fanes de Eurovisión desprendían, me lancé a comentar en Twitter y me declaré seguidora de la participante de Georgia, aunque para mi vergüenza tuve que buscar su ubicación en el mapa. La pizza carbonara de Mercadona se puso fría mientras charlaba con Gloria sobre los saltos de los de Israel y los luminosos representantes de Reino Unido y nos sentimos absolutamente indignadas cuando Hungría quedó por delante de Edurne, que había mantenido el tipo y el equilibrio como nadie encaramada a aquel bailarín, algo que yo nunca podría hacer de ninguna de las maneras. Solo por eso, tendría que haber terminado en el top ten, se ve que las quinielas eurovisivas pueden equivocarse tanto como las electorales en tiempos de campaña.

Es Carmen!

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Carmen!, un relato on-line por entregas

Carmen! es un relato on-line por entregas. Hacer un relato de este tipo tiene muchas ventajas y algún que otro inconveniente. Las ventajas están claras: escribo, escribo y escribo y doy a conocer lo que escribo que en definitiva es el objetivo de cualquiera que lo hace. Cada vez tiene más seguidores, pero aunque lo siguiera una sola persona, mi compromiso para continuar con La Suerte de Carmen sería el mismo. ¿El inconveniente? Cualquiera que se atreva a lanzar algo de forma gratuita a Internet sabe que el mayor riesgo que corre es que te pillen la idea, le den una vuelta, lo hagan suyo y luego, si te he visto no me acuerdo.

Esto último lo he pensado muchas veces, muchas, tantas que he tenido que dejar de hacerlo. Por un lado porque como lo pensara algo más, dejaría de publicarlo y eso me da suficiente adrenalina de la buena como para aficionarme a hacerlo (a lo que me aficiono es a que me lean en realidad); por otro, porque ahora mismo la creación de todo el Universo de Carmen me da tanto que no me compensaría.

Son varias las experiencias de este tipo de las que tengo conocimiento, historias on-line por entregas que han llegado lejos. Carmen! va sin prisa pero sin pausa: tengo mis lectores fieles, comentarios todas las semanas, comentarios que me han llegado al alma (recuerdo uno que me decía que la historia era potente) y amigas que incluso hablan conmigo por teléfono de Carmen! ¿Qué más puedo pedir? Solo una cosa: seguir escribiendo Carmen! y seguir haciendo del miércoles un acontecimiento. ¿Lo haces también tuyo?

Conoce a Carmen, una mujer que se ha encontrado con su suerte en la vida, ha buscado una suerte mejor y ha echado sus cartas apostando por ella. Carmen, que ha aprendido a vivir y lidiar con sus curvas haciendo de ellas su seña de identidad junto con una personalidad arrolladora que evoluciona conforme lo hace el relato. Lee Carmen!

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada. – Completa

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada. – Completa

Carmen, mi suerte está echada – Tercera temporada. – Publicándose

 

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