Las historias de Carmen: Yo, bachata

Me gusta bailar. Parece la consecuencia natural de tener curvas: moverlas es lo más lógico para saber convivir con ellas. Yo siempre he bailado en las discotecas, mi actitud se alejaba bastante de la de todas esas chicas que iban allí a ligar con su postura de ataque-no ataque que las caracterizaba, a saber, “espero con mi copa a que vengan a mí y mantengo contacto visual solo con aquellos que quiero que lo hagan”. Al llegar, me lanzaba a la pista y me daba igual lo que pincharan en ese momento e incluso al final de la noche, rayando la mañana, cuando lo único que se le ocurría al dj para echar a los últimos pesados era poner sevillanas, ahí estaba yo, dando vueltas sola.

Mi abuela siempre ha dicho que las Cármenes de mi familia han sido bailongas, digamos que puede tratarse de otra de esas características de mi estirpe junto con las curvas, el pelo rizado o el busto generoso. Cuando me veía tan resuelta ya fuera con música disco como con rock puro y duro – que a todo le ha dado una a lo largo de su vida –, me miraba, entrecerraba los ojos (con esa forma suya tan peculiar) y sentenciaba: “Esta niña lo lleva en los genes, claro, yo era un crack (¿un crack?) con el pasodoble, menudos pasodobles nos marcábamos el abuelo y yo en la feria del pueblo”.

Por eso, cuando con veintitantos me apunté a clases de bachata, a nadie le sorprendió. Quizá sí el estilo, pero no el hecho de querer aprender a bailar algo con un pelín de conocimiento. Subida a mis tacones de baile me sentía poderosa, algo así como atractiva, ya iba dándome cuenta de lo seductoras que le resultaban las curvas a muchos hombres y en esos momentos en los que la música me indicaban mis movimientos, más aún. Y conocí a Ernesto, el eterno cubano, ese con el que rompí a los seis meses por la gran complicidad que se había creado entre mi madre y él, ese con el que mantuve un ligero contacto para solventar ciertos momentos de sequía emocional. Y lo esperaba con ilusión antes de cada encuentro porque bailábamos antes de meternos en la cama. Me volvía a poner mis tacones de baile y mi ropa de competición – si me cabía, todo iba por rachas –, y los preliminares eran muy sensuales. Y no, no es que yo me presentara a ninguna competición, es que me metí tanto en el papel que necesitaba tener la ropa adecuada para ello, creo que ya me vais conociendo. En la vorágine amorosa con Pepe intenté que bailáramos, pero fue inútil, no había manera de que aquel cuerpo grande y entregado – porque otra cosa no, pero ganas le puso – diera un paso a derechas. Casi mejor, a cada cual lo suyo, y el baile siempre sería territorio de Ernesto.

Y os preguntaréis: “¿Bachata? ¿Por qué bachata?”. Pues porque los ritmos latinos me vuelven loca y como diría mi abuela, son la consecuencia inmediata del pasodoble, ahí es nada.

Por último, si os apetece, os dejo con un temita de bachata ¡que me encanta!

Es Carmen!

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Carmen!, un relato on-line por entregas

Carmen! es un relato on-line por entregas. Hacer un relato de este tipo tiene muchas ventajas y algún que otro inconveniente. Las ventajas están claras: escribo, escribo y escribo y doy a conocer lo que escribo que en definitiva es el objetivo de cualquiera que lo hace. Cada vez tiene más seguidores, pero aunque lo siguiera una sola persona, mi compromiso para continuar con La Suerte de Carmen sería el mismo. ¿El inconveniente? Cualquiera que se atreva a lanzar algo de forma gratuita a Internet sabe que el mayor riesgo que corre es que te pillen la idea, le den una vuelta, lo hagan suyo y luego, si te he visto no me acuerdo.

Esto último lo he pensado muchas veces, muchas, tantas que he tenido que dejar de hacerlo. Por un lado porque como lo pensara algo más, dejaría de publicarlo y eso me da suficiente adrenalina de la buena como para aficionarme a hacerlo (a lo que me aficiono es a que me lean en realidad); por otro, porque ahora mismo la creación de todo el Universo de Carmen me da tanto que no me compensaría.

Son varias las experiencias de este tipo de las que tengo conocimiento, historias on-line por entregas que han llegado lejos. Carmen! va sin prisa pero sin pausa: tengo mis lectores fieles, comentarios todas las semanas, comentarios que me han llegado al alma (recuerdo uno que me decía que la historia era potente) y amigas que incluso hablan conmigo por teléfono de Carmen! ¿Qué más puedo pedir? Solo una cosa: seguir escribiendo Carmen! y seguir haciendo del miércoles un acontecimiento. ¿Lo haces también tuyo?

Conoce a Carmen, una mujer que se ha encontrado con su suerte en la vida, ha buscado una suerte mejor y ha echado sus cartas apostando por ella. Carmen, que ha aprendido a vivir y lidiar con sus curvas haciendo de ellas su seña de identidad junto con una personalidad arrolladora que evoluciona conforme lo hace el relato. Lee Carmen!

Carmen, mi suerte en la vida – Primera temporada. – Completa

Carmen, buscando mi suerte – Segunda temporada. – Completa

Carmen, mi suerte está echada – Tercera temporada. – Publicándose

 

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Orgullo curvy, orgullo Carmen!

Que las curvas están de moda es un hecho. Parece que en las últimas semanas o meses (o años, aunque esté explosionando ahora) se ha producido una revolución contra el aspecto demacrado y recto de las modelos en todos sus sentidos. Cada vez se reivindica más a la mujer real que tiene curvas, esa mujer de calle, la que vive en su casa y va a trabajar todos los días, la que no calza una talla 36 sino una 42 o 44 o 46 o superior… Esa mujer que hace unos años nos sorprendía en los anuncios de Dove y que ahora se ha puesto de moda. ¿Buena moda? Ya veremos. ¿Está bien que se ponga precisamente de moda? Ya veremos. Lo realmente interesante es que se haya salido del armario en ese aspecto porque ni todas somos Kate Moss ni queremos serlo ni falta que nos hace.

En los últimos días estoy asistiendo a un descubrimiento tras otro de artículos sobre ellas, de webs para ellas; de bloggers que, hartas de esas divas del street style que llevan la delgadez y el estilo como mezcla intrínseca, se rebelan y hacen su propio street style con mayor éxito aún. A este boom se sumó Mango, lanzando su nueva firma Violeta. Al principio pensé: “¿Por qué crear una firma para las “curvys” y no aumentar simplemente el tallaje en su firma principal?”. Y luego acabé: “¿Y por qué no?”. La ropa es preciosa y tiene un espacio para ella sola porque en las tiendas de Mango hay que admitir que existe un poco de saturación – igual que en todas las tiendas de marcas low cost que para mí se están convirtiendo en high cost, todo hay que decirlo -. Tienen su propia línea de accesorios y unos vaqueros que, por cierto, en cuanto dé a luz pienso ir a por ellos. En su catálogo, no solo la conocida Vicky Martín Berrocal, que me parece una mujer guapísima, sino modelos preciosas, sexys, sí, porque la curva es sexy y de qué modo.

Luego, encontré por Twitter Loversize, una web creada por dos chicas bloggers que se conocieron en la red y crearon este proyecto. Son chicas “que viven y disfrutan la moda y las tendencias desde una talla considerada superior a la habitual“. Una web que no solo es moda, es mucho más y que os invito a conocer porque a mí me fascinó.

Y hoy mismo he leído esto, “Fuera de serie. El Mundo” le dedica artículo a Tara Lynn, “la top que triunfa en las pasarelas con su talla XL”. Lo dicho: ¿está cambiando el modo de ver a la mujer? ¿Están cambiando los estereotipos? Hace años, muchos años, siglos, que la mujer con curvas era el canon femenino, ¿cómo hemos llegado a lo que tenemos hoy? Desde luego no voy a entrar en eso, eso sería meterse en camisa de once varas y no creo estar ni el lugar adecuado para reflexiones de ese calibre ni tener los conocimientos sociológicos necesarios para hacer un análisis más o menos digno del tema en cuestión. Como suelo decir siempre: esto es una opinión personal, mi visión es totalmente subjetiva y hablo desde un punto de vista basado en mi experiencia y en mis percepciones.

La ilustración también ha reaccionado. Ahora mismo sigo a dos ilustradoras estupendas que hacen de lo que se podría llamar mujer curvy su leit motiv, ellas son Rachel’s Puzzle Things y Sara Fratini. Con la primera me une una relación muy especial, ha ilustrado mi única autopublicación y ha dado vida a Carmen (esa Carmen que encabeza el blog es obra suya). Sara Fratini acaba de publicar La buena vida – del que ya tengo libro – y en la que vemos sus sirenas: una chica con curvas, feliz y positiva. I love it.

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“Mujeres bailando” de Rachel’s Puzzle Things.

 

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“La Buena Vida” de Sara Fratini

 

Y es que me encanta que esto esté pasando.

Y me encanta que esto esté pasando y publico este post precisamente en La Suerte de Carmen porque el personaje de este relato por entregas es una mujer con curvas, contundente, de caderas excelsas y pecho generoso, como ya la he descrito en la historia. Es una mujer que no solo acepta sus curvas sino que las potencia y las aprovecha. Que ha vivido una infancia en la que le costaba sobrellevarlas, pero que ahora está orgullosa de ellas. Que haya creado este personaje precisamente así, huyendo del estereotipo estándar de la chica delgada protagonista de historias chicklit, quizá tenga que ver con esa influencia de mi alrededor que es precisamente de lo que va este post. No lo sé, pero me alegro de que mi Carmen sea de este modo: esa mujer sexy, con curvas que atrae a HOMBRES, como a ella les gusta llamarlos, en mayúsculas, y que ve en su cuerpo una ventaja; que se siente a gusto consigo misma.

Así que desde aquí también reivindico la curva y reivindico a Carmen y a todas las Cármenes del mundo.

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Foto del escaparate de Violeta by Mango. La vi e identifiqué sin lugar a dudas a Carmen.

 

 

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