Las historias de Carmen: La playa

Siempre me ha gustado la playa. Y siempre la he odiado. Si pudiera, haría una lista de pros y contras de ese pedacito de mar y arena que puede hacerme tan feliz y a la vez tan miserable. Como es natural, cuando era más joven, más inocente y menos tolerante conmigo misma, eran mis curvas las que se oponían a pasar mucho tiempo bajo el sol, rebozada inevitablemente en arena y llevando bañadores que podrían ser de mi madre. Qué demonios, mi madre llevaba bañadores más emocionantes que los míos. Y es que esa moda de los bañadores estupendos para cualquier edad es algo de ahora, hace unos años las jóvenas como yo teníamos que ir a la mercería de turno para hacernos con un traje de baño sin demasiados detalles que evidenciaran que era o de persona mayor o de niña. No había nada para adolescentes púberes, se suponía que todas nosotras nos moríamos por llevar biquini. Y en cierta forma así era, pero a esas edades los prejuicios y los complejos pesan como una losa de mármol.

Así que en las contadas ocasiones en las que accedía a ir a la playa, después de que Gloria me estuviera dando la tabarra durante semanas, me ponía un bañador negro (el negro siempre ha sido mi mejor aliado) al que le había arrancado unos lazos color marrón café con leche (el detalle que publicaba a voz en grito que aquello era un bañador de persona mayor). De nada me servían los comentarios de mi abuela: “Cuando seas mayor, te alegrarás de tus curvas”, yo veía tan lejos eso de ser mayor y eso de alegrarme de mis curvas. Pero todo llega y un día me hice mayor y me alegré de mis curvas.

Mucho antes de que apareciesen y se hicieran populares las modelos de tallas grandes, sus biquinis extraordinarios (por el volumen de tela y por sus diseños, claro) y la reivindicación de la curva, yo rebuscaba en los grandes almacenes pequeños hallazgos que después modificaba en casa. Esa fue una época maravillosa, mi creatividad no tenía límites e incluso se me ocurrió la idea de que quizá sirviera para esto del diseño. Nada, al final estudié Administrativo que tenía más salidas y, sobre todo, más salidas inmediatas, pero de eso ya hablaré en otra ocasión. Gloria envidiaba mis biquinis y a veces me pedía que tuneara alguno para ella, aunque ella pudiera permitirse el que quisiese de las tiendas de ropa que todas conocemos.

Y ahora, una vez dejadas atrás mis reticencias, cuando ya sí que veo mis curvas como una ventaja y no como un inconveniente – a las pruebas me remito –, y ha venido en nuestra ayuda Violeta by Mango, la playa me chifla. Podría estar metida en el agua hasta hacerme una pasa y soportar la arena pegada a mis muslos sin mucho trabajo. Podría prolongar mi estancia allí desde la mañana a la noche, aunque mis horarios preferidos son a primera hora del día y a última de la tarde, por aquello de la tranquilidad y el menor peligro de los rayos solares, que yo soy mucho de cuidarme. Horas en las que coincido con personas mayores (ellas sí que saben) y padres con hijos demasiado pequeños y en las que evito a esos jugadores de paleta empedernidos que buscan seguir haciendo ejercicio en la playa (ellos no saben). Un día me topé con una señora haciendo yoga, todo un espectáculo, aunque mi sentido del ridículo no me permitiría hacerlo, le admiré desde el mismo momento en que la vi. Leer un libro mientras atardece, difícil tarea si tienes por delante un inmenso mar azul o un imponente Alberto en los que perder tu mirada. Bolsos de rafia, toallas vintage, el olor a crema solar Nivea y los espráis para cuidar el pelo, chanclas Ipanema y camisolas de lino, ¿alguna vez hubo tantos complementos que hicieran de ir a la playa una cuestión de estilo? Frivolidades aparte, saladita y rebozada en arena me siento fantástica.

Es Carmen!

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Orgullo curvy, orgullo Carmen!

Que las curvas están de moda es un hecho. Parece que en las últimas semanas o meses (o años, aunque esté explosionando ahora) se ha producido una revolución contra el aspecto demacrado y recto de las modelos en todos sus sentidos. Cada vez se reivindica más a la mujer real que tiene curvas, esa mujer de calle, la que vive en su casa y va a trabajar todos los días, la que no calza una talla 36 sino una 42 o 44 o 46 o superior… Esa mujer que hace unos años nos sorprendía en los anuncios de Dove y que ahora se ha puesto de moda. ¿Buena moda? Ya veremos. ¿Está bien que se ponga precisamente de moda? Ya veremos. Lo realmente interesante es que se haya salido del armario en ese aspecto porque ni todas somos Kate Moss ni queremos serlo ni falta que nos hace.

En los últimos días estoy asistiendo a un descubrimiento tras otro de artículos sobre ellas, de webs para ellas; de bloggers que, hartas de esas divas del street style que llevan la delgadez y el estilo como mezcla intrínseca, se rebelan y hacen su propio street style con mayor éxito aún. A este boom se sumó Mango, lanzando su nueva firma Violeta. Al principio pensé: “¿Por qué crear una firma para las “curvys” y no aumentar simplemente el tallaje en su firma principal?”. Y luego acabé: “¿Y por qué no?”. La ropa es preciosa y tiene un espacio para ella sola porque en las tiendas de Mango hay que admitir que existe un poco de saturación – igual que en todas las tiendas de marcas low cost que para mí se están convirtiendo en high cost, todo hay que decirlo -. Tienen su propia línea de accesorios y unos vaqueros que, por cierto, en cuanto dé a luz pienso ir a por ellos. En su catálogo, no solo la conocida Vicky Martín Berrocal, que me parece una mujer guapísima, sino modelos preciosas, sexys, sí, porque la curva es sexy y de qué modo.

Luego, encontré por Twitter Loversize, una web creada por dos chicas bloggers que se conocieron en la red y crearon este proyecto. Son chicas “que viven y disfrutan la moda y las tendencias desde una talla considerada superior a la habitual“. Una web que no solo es moda, es mucho más y que os invito a conocer porque a mí me fascinó.

Y hoy mismo he leído esto, “Fuera de serie. El Mundo” le dedica artículo a Tara Lynn, “la top que triunfa en las pasarelas con su talla XL”. Lo dicho: ¿está cambiando el modo de ver a la mujer? ¿Están cambiando los estereotipos? Hace años, muchos años, siglos, que la mujer con curvas era el canon femenino, ¿cómo hemos llegado a lo que tenemos hoy? Desde luego no voy a entrar en eso, eso sería meterse en camisa de once varas y no creo estar ni el lugar adecuado para reflexiones de ese calibre ni tener los conocimientos sociológicos necesarios para hacer un análisis más o menos digno del tema en cuestión. Como suelo decir siempre: esto es una opinión personal, mi visión es totalmente subjetiva y hablo desde un punto de vista basado en mi experiencia y en mis percepciones.

La ilustración también ha reaccionado. Ahora mismo sigo a dos ilustradoras estupendas que hacen de lo que se podría llamar mujer curvy su leit motiv, ellas son Rachel’s Puzzle Things y Sara Fratini. Con la primera me une una relación muy especial, ha ilustrado mi única autopublicación y ha dado vida a Carmen (esa Carmen que encabeza el blog es obra suya). Sara Fratini acaba de publicar La buena vida – del que ya tengo libro – y en la que vemos sus sirenas: una chica con curvas, feliz y positiva. I love it.

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“Mujeres bailando” de Rachel’s Puzzle Things.

 

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“La Buena Vida” de Sara Fratini

 

Y es que me encanta que esto esté pasando.

Y me encanta que esto esté pasando y publico este post precisamente en La Suerte de Carmen porque el personaje de este relato por entregas es una mujer con curvas, contundente, de caderas excelsas y pecho generoso, como ya la he descrito en la historia. Es una mujer que no solo acepta sus curvas sino que las potencia y las aprovecha. Que ha vivido una infancia en la que le costaba sobrellevarlas, pero que ahora está orgullosa de ellas. Que haya creado este personaje precisamente así, huyendo del estereotipo estándar de la chica delgada protagonista de historias chicklit, quizá tenga que ver con esa influencia de mi alrededor que es precisamente de lo que va este post. No lo sé, pero me alegro de que mi Carmen sea de este modo: esa mujer sexy, con curvas que atrae a HOMBRES, como a ella les gusta llamarlos, en mayúsculas, y que ve en su cuerpo una ventaja; que se siente a gusto consigo misma.

Así que desde aquí también reivindico la curva y reivindico a Carmen y a todas las Cármenes del mundo.

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Foto del escaparate de Violeta by Mango. La vi e identifiqué sin lugar a dudas a Carmen.

 

 

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